Trauma post aborto

Trauma post aborto: Mª Esperanza Puente abortó hace años en Dator y denuncia la desinformación médica sobre el trauma post aborto

“Cuando se llevaron el bote con los restos

de mi hijo sentí que me arrancaban la vida”

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“Soy portavoz de las Víctimas
del Aborto porque soy víctima.
Nunca nadie me informó
de las consecuencias psicológicas
que iba a sufrir tras
abortar”. Éste es el comienzo
del relato de Mª Esperanza
Puente, que cuenta a ALBA
los recuerdos de la que ha sido
la experiencia más dura de
su vida: el aborto de su segundo
hijo hace ahora diez años.
Lo cuenta para que otras mujeres
no cometan el mismo
error. Es un testimonio doloroso,
desagradable, pero, no
podía ser de otra manera, es
un relato que rebosa Esperanza,
para muchas mujeres y para
sus hijos.
La situación
“Te voy a explicar por qué
soy víctima. Yo era joven y estaba
sola. No tenía nadie a
quien acudir. Tienes un problema
importante, estás sola,
llena de miedo, y como te
ofrecen esta posibilidad, te lo
empiezas a plantear. El tiempo
aprieta cada día que pasa
y tú sigues sola. Así que llamé
por teléfono a la ‘clínica’ Dator.
Yo estaba de tres meses y
me dieron cita para el día siguiente,
como con prisa, lo
cual es normal, porque cuanto
más tiempo tengas para
pensar, para reflexionar, menos
les conviene a ellos”; no
en vano, los abortistas viven,
y muy bien, del drama de estas
mujeres.
“Al día siguiente fui a la
clínica. Es algo extraño porque
tú no quieres ir, pero la
soledad te lleva, no te queda
otra, es lo único que te ofrecen.
Yo esperaba algo de información,
y lo que me encontré
en la Dator fue una situación
surrealista. Allí no
hay una mirada amable por
ningún sitio, hay mucha frialdad.
En la gente, en el ambiente.
Ni una sonrisa. Te pasan
a una sala de espera en la
que sólo se oyen murmullos, y
se tiene una visión tétrica: las
caras de las mujeres que allí
estamos. Esas caras no se me
olvidan nunca.”
¡No quiero!
Esperanza asegura que incluso
después de tanto tiempo,
“tu mente guarda recuerdos”
que crees olvidar, “impresionantes”,
pero “tu conciencia
humana natural te indica que
no está bien lo que has hecho.
Eso está ahí y por un motivo
sin determinar, salta en tu cabeza
en un momento dado”.
Entonces comienza el mayor
sufrimiento psicológico al
que se puede enfrentar una
mujer: el trauma post aborto,
el hecho de asumir la
muerte no natural de su hijo
en su propio seno. “No necesitas
ser creyente ni nada. Es
algo irreversible que has hecho,
que queda ahí para siempre,
latente, pero que salta algún
día. Lo has hecho, no tiene
remedio y eso es algo que
no te cuentan en ningún sitio.
Por eso soy víctima.”
Esperanza ha contado esta
historia varias veces en los últimos
meses, y aun así tiene
que recuperar el aliento para
enfrentarse al relato, porque
espera que ayude a muchas
mujeres, y cuya parte más dura
comienza en un primer reconocimiento.
“El médico no
te dice absolutamente nada.
Mientras te examina, por supuesto
tú no ves la pantalla
del ecógrafo. Verifica una serie
de cosas y te mandan de
vuelta a la sala. Tú miras las
caras. Las chicas más jóvenes
recuerdo que lloraban bajito,
sin hacer ruido. Nadie comentaba
nada con nadie y reinaba
el silencio, cuando en tu interior
gritabas muy fuerte: ¡no
quiero! Pero son gritos ahogados,
que no escucha ni quien
tienes al lado, sólo los oyes tú.
Entonces pasas al psicólogo y
esperas que te diga algo, y no
te dice nada. Quieres que te
digan que no lo hagas. Pero al
revés, te dicen que no pasa nada,
que es algo muy sencillo,
muy fácil, y que cuando acabes,
te vas a casa como si nada,
cuando la realidad llega
después. La cosa es que el psicólogo
te descuadra todo,
porque esperas una mínima
explicación, y allí no te dan
ninguna.”
Esperanza aún se muestra
sorprendida, diez años después,
al recordar el trato de
un psicólogo únicamente
preocupado en que pasara al
quirófano para poder cobrar,
“Estás muy sola,
tienes mucho
miedo, y como te
ofrecen esto, te lo
empiezas plantear”
Esperanza Puente lleva diez años sufriendo en silencio el trauma post aborto. Pero su tiempo de silencio ha finalizado.
“Aborté hace diez años. Era bastante joven,
estaba sola, sin nadie a quien acudir.
Tenía miedo, y como te ofrecen esto, pues
te lo planteas.” Son palabras de Mª Esperanza
Puente Moreno, portavoz de la Asociación
Víctimas del Aborto, dedicada a
ayudar a las mujeres que sufren el trauma post aborto y de las que el mundo se olvida
tras pasar por caja y por el quirófano.
. SOCIEDAD / LA HISTORIA
ALBA // Del 19 al 25 de febrero de 2005 35
sin importarle su situación, ni
las consecuencias ni nada de
lo que rodea a una mujer que,
bajo tanta presión, se somete a
un acto tan duro.
Luego se olvidan de ti
“Te pregunta qué tal estás,
que con la cara que llevas no
hace falta ni que contestes, y
te dice que tienes que firmar
un consentimiento informado.”
Este documento es de
obligado cumplimiento cada
vez que una persona se somete
a una intervención. La vigilancia
y el interés que se pone
en este documento es extremo,
pues de él depende que
una persona acepte o no el someterse
a una intervención
médica, sabiendo siempre sus
posibles consecuencias. Para
ello la información médica ha
de ser rigurosa, transparente y
completa, “algo que no se da
en el abortorio, porque no te
explican nada sobre las consecuencias
psicológicas que se
pueden dar. Al revés, se da
por hecho que tú quieres
abortar, que no vas a sufrir
consecuencias negativas psicológicas.
Ni se preocupan
por eso, y eso es real. En el documento
escrito que te dan no
dice nada de las consecuencias
psicológicas o de los posibles
traumas que pudieran
darse, ni siquiera lo menciona
como posibilidad. Te dicen
que no pasa nada, que es muy
rápido y que en cuanto acabe,
te vas a casa, como si nada. En
ese momento te sientes totalmente
ida, desamparada. No
eres persona. No te preguntan
por qué puede suponer un
mal para ti el seguir adelante
con tu embarazo, que se supone
que es el supuesto al que te
acoges. Te informan menos
que cuando te vas a sacar una
muela. Te lo hacen y se olvidan
de ti. Y tú apáñatelas como
puedas.
La intervención
“Tras hablar con el psicólogo
te vuelven a pasar a la sala.
Estás desorientada. Al rato te
vuelven a llamar y te dicen
que te desnudes, sin pudor alguno;
no te dan una bata ni
nada, y vas desnuda hasta la
camilla, y una vez que te colocas
igual que si fueses a dar a
luz, entra el médico. Recuerdo
que tras ponerme una
anestesia local, me dijo que
como no me tranquilizase,
íbamos a estar hasta mañana,
y que me iba a doler más. Hizo
la intervención. Es rápida y
muy molesta. Yo estaba mirando
al techo gritando ¡pare!,
pero sin gritar. Quería salir
corriendo de allí, pero no
puedes. Es tan duro asumir lo
que está pasando como la manera
en que está pasando. Al
tiempo que el médico hace su
trabajo, las enfermeras tienen
una conversación paralela.
No están pendientes de ti.”
Esperanza, mientras se
acerca a esta parte de su relato,
ya no puede contener las
lágrimas, y a duras penas prosigue
con lo más atroz del
aborto, que fue ver los restos
de su hijo metidos en un bote:
“Lo echan en un recipiente de
cristal y se queda ahí, apartado
en un lado. Tú lo ves. Es
curioso cómo antes del aborto
no te dejan ver la pantalla del
ecógrafo por si te arrepientes,
pero una vez que estás en la
camilla, les das igual. Lo dejan
allí apartado, lo ves. Si estás
de tres meses, no ves sólo líquido.
Yo vi trocitos de carne.
Luego una enfermera se
lleva el bote. En ese momento
es como si te arrancasen con él
la vida. Lo sientes aquí dentro”,
dice Esperanza golpeándose
el pecho, “tu vida se va
tras el recipiente, y ya no vuelves
a ser la misma nunca. Te
han arrancado de cuajo tu
personalidad, tu vida, tu integridad.
Lo notas salir de dentro.
Y se lo llevan como el que
carga un saco de patatas. Esa
imagen no se te borra de la
mente en la vida.”
Esperanza continúa con el
testimonio sin parar, porque si
para, se viene abajo. Se lo sabe
casi de carrerilla de haberlo
repasado quién sabe cuántas
veces en su memoria.
“Te vistes como puedes,
sola, nadie te ayuda, y pasas a
una salita diferente a la anterior,
porque no permiten que
las chicas que están esperando
vean cómo te sacan de allí. Al
final aparece una enfermera,
te pregunta si te mareas, y si le
dices ‘no’, te contesta: ‘Pues
hala, ya puedes irte a casa’.”
En la calle
“Quieres salir a ver si te da el
aire, pero dentro te has dejado
algo, no estás entera, y se te
cae el mundo. No sé ni cómo
llegué a casa. Era viernes y estuve
los tres días metida en la
cama, sin levantarme ni para
comer ni para ir al baño. Pero
llega el lunes. Así que te levantas,
te vistes, y te vas a trabajar.
Como si nada. Eres otra, pero
la gente no lo sabe. Es imposible
llevar algo así.”
Sobre el trauma post aborto,
Esperanza apunta como
factor determinante el “no
poder perdonarte. De las chicas
con las que he hablado yo,
les pasa de todo. Algunas ven
a lo mejor un niño de cuatro
años, que es la edad que debería
tener su hijo, y se echan a
llorar. Es algo que puede salir
enseguida, a los cinco años o
a los veinte, por un programa
de TV, o por algo que cuenta
una vecina. Eso está latente
ahí, y un día salta. Entonces
prepárate, porque en España
nadie da ayuda para superar
esta patología. Estás sola.
Manipulación
“Los médicos del Estado no
ofrecen ayuda, el Estado no
informa, los medios de comunicación
manipulan. Te lanzan
el mensaje de que abortar
es libertad, es progreso, de
que no pasa nada. Por lo que
no puedes contar tu caso,
porque te tratan como si fueses
rara. Te hacen un juicio.
Pero los medios de comunicación
deben informar. ¿Por
qué no se televisa un aborto?
Hemos visto imágenes de todo
tipo, pero jamás hemos
visto un aborto. Nadie dice
qué es lo que pasa allí. Hablan
del aborto como si no
fuese nada, como si fuese normal,
y eso te hace daño; lo
que dicen respecto al aborto
el Estado y los medios es todo
mentira. Por favor, que empiecen
a hablar, a decir la verdad.
A llamar al pan, pan.
Que sean valientes. Hoy te
venden que tienes que ser joven,
divertirte, que cómo vas
a atarte con un hijo… ¡Ahí se
habla de hijo! Ésa es la manipulación.
Si es hijo para atarte,
es hijo también para hablar
de abortar, guste o no
guste. Los conceptos hay que
aclararlos, porque no tenemos
ni idea.”
Esperanza ha terminado el
testimonio de algo que le sucedió
hace ya diez años. En este
tiempo ha solicitado ayuda
médica, y nadie se la ha dado
excepto la Asociación de Víctimas
del Aborto de la que
ahora es portavoz, una asociación
que “sí es feminista, porque
el aborto es algo que nos
afecta a todas las mujeres, ya
que es en nosotras en el lugar
donde se transmite la vida, o
donde se elimina”. Lo dice
una víctima que se ha atrevido
a contar los que casi nadie dice:
el aborto es un mal; posiblemente,
el mayor de todos.
Por darnos tu valiente testimonio,
gracias Esperanza.
lahistoria@semanarioalba.com
“Quieres salir a
ver si te da el aire,
pero dentro te has
dejado algo, no
estás entera”
“Al psicólogo
le da igual tu
situación, y firmas
el consentimiento
sin tener ni idea”
El seis de febrero
Esperanza fue protagonista
en La 2 de
Últimas preguntas, y
los frutos de tan valiente
testimonio
no se hicieron esperar.
Una chica de 25
años, abandonada
por su pareja y embarazada
de 12 semanas,
vio el programa
y dejó de
pensar en abortar.
Otra, de 21. Y una
tercera de 36, con
cita para abortar,
decidió no hacerlo.
Las tres se pusieron
en contacto con la
Asociación Víctimas
del Aborto, llamando
al teléfono
637 110 328.
Esto hace reflexionar.
Desde que
Esperanza saltó al
terreno de juego, ha
cambiado el signo
del partido. Pero,
¿cuántos abortos
no se habrían ejecutado
si se las hubiese
informado antes?
¿Por qué nunca
se ha hecho?
Esperanza 3-0 Abortistas
Esperanza está dispuesta a ir a donde haga falta para contar la verdad sobre el aborto.
LA HISTORIA / SOCIEDAD .
Pablo Ramos

Trauma post aborto
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5 pensamientos en “Trauma post aborto

  1. rh

    hola yo aborte hace menos de un ano y la verdad lo hice porque engane a mi marido con alguien mas,yo se que lo q hice esta muy mal xk yo devi tomar responsabilidad x mis actos…ahora k a pasado el tiempo m siento muy arrepentida por lo que hice mi conciensia no m deja empaz atodo momento eso esta en mi mente y lloro sin para grito y le ruego a dios ami hijo k m perdonen….yo solo kiero decir k las mujeres k piensen abortar k lo piensen muy bien antes de acerlo xk se lo juro se van arrepentir para toda la vida…………………………………. asi como yo m arrepiento ahora

    Responder
  2. mando

    mi mujer quiere aborta porque este ya es el sectimo pero yo no puedo matar un hijo ella tiene mi apoyo para tenerlo nosotro tenemos la culpa por no cuidarno le digo yo la amo y un hijo es producto de amor claro son muchos pero todos son vien amado.

    Responder
  3. Mariana Arrubla Giraldo

    No entiendo como es posible que el aborto se siga promocionando como una manera de evitarse complicaciones en la vida, de todo se sale y se puede salir adelante, pero el aborto es como matarse en vida y llevar una cruz que nada puede sanar, ojala todas estas tristes historias fueran escuchadas en todo el mundo para evitar que miles de mujeres victimas de el aborto tengan que pasar por ese infierno y vivir toda la vida en El.

    Responder

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