Testimonios de mujeres que abortaron

Testimonios de mujeres que abortaron

 


·        Testimonios varios

·        WEBA: Mujeres explotadas por el aborto

·        Un sacerdote relata su experiencia sobre la ayuda que presta a las víctimas del aborto

·        Para mi criatura desconocida

·        “Vida muerta”

·        Para obtener información sobre la sanación post aborto, véase: Ayuda y curación post aborto

Testimonios varios

Me dijeron que era la mejor solución. Pero no me hablaron del vacío emocional que iba a sufrir y que me ha destrozado interiormente. ¿No sé qué hacer con el dolor que siento?” – Nereida Ortiz.

Cuando sostengo al bebé de un amigo, lo sufro todo otra vez. Siento una gran tristeza porque el mundo nunca conocerá a los dos hijos que aborté.” – Linda Marie.

Físicamente no tuve problemas con mi aborto, pero emocionalmente viví un infierno que continúa conmigo diariamente.” – Terri Fangman.

FUENTE: ¿Por qué sufro tanto? Folleto distribuido por la organización Wisconsin Right to Life Education Fund, puede obtenerlo (en inglés) escribiendo a: 10625 West North Avenue, Milwaukee, WI 53226, U.S.A.; tel.: (414) 778-5780.

 


WEBA: Mujeres explotadas por el aborto

Una organización en los Estados Unidos que se dedica a la curación post aborto es “Mujeres que han sido Explotadas por el Aborto” o WEBA (“Women Exploited by Abortion”). Como lo dice su nombre, esta organización está constituida principalmente por mujeres de ese país que han sido víctimas del aborto. Una de sus dirigentes, Patty McKinney, nos explica algunos de los propósitos de la organización:

“Represento a la organización pro vida de más rápido crecimiento en los Estados Unidos. Esto es así, porque desde la decisión del Tribunal Supremo en 1973 que legalizó el aborto a petición…, más de diez millones de mujeres han abortado a más de trece millones de bebés: una acción de la que muchas se arrepienten amargamente. (Actualmente, pasan de treinta millones los bebés abortados).

“WEBA es una organización de mujeres que ya no son ignorantes sobre el tema del aborto, que ya no están confundidas, porque saben de primera mano cuál es el punto crucial de la cuestión: bebés muertos y mujeres atormentadas. Las miembros de WEBA son mujeres que se han practicado abortos y se arrepienten de ellos. Somos la voz de la experiencia en un debate considerado por muchos como inexistente. Creemos que somos la voz de la experiencia para cambiar el rumbo de la opinión pública hacia la prohibición legal del aborto.

“En primer lugar, somos la voz de la experiencia para mujeres que están pensando en el aborto. En los Estados Unidos cuando una mujer asustada y confundida, que hace frente a un embarazo inoportuno o no planificado, entra en un centro de asesoramiento de ‘planificación familiar’ o en una instalación abortista de Planned Parenthood (Paternidad Planificada) para obtener información sobre las alternativas al embarazo, se convierte en la víctima y en el blanco de una conspiración bien planeada a base de información errónea y manipulación verbal destinada a convencerla de que su hijo aún no nacido no tiene humanidad o valor y que el aborto es una ‘solución médicamente segura’, ‘psicológicamente sana’ y ‘moralmente recta’ a su embarazo problemático. (…)

“En segundo lugar, somos la voz de la experiencia para las mujeres abandonadas a las devastadoras consecuencias de las secuelas del aborto (…) Mujeres tales como Sandy, que ha intentado el suicidio tres veces desde que se practicó el aborto hace tres años. Mujeres como Leslie que no ha sido capaz de mantener un empleo durante más de tres meses seguidos desde su aborto en 1974. Mujeres como la catedrática de Inglés en la Universidad de Cornell, que sufre frecuentes pesadillas en las que oye a su hijo suplicar por su vida cuando la máquina de succión le reduce a una emulsión.

“Y mujeres como yo misma, que, como una hija de la década de los sesenta (…) adopté la inmoralidad del amor libre de la década. Y cuando me encontré embarazada y soltera, casi me sentí obligada a seguir las ideas liberales que había adoptado, ejercer mi supuesta ‘libertad reproductiva’ y practicarme un aborto.

“Antes del aborto pensaba sólo en mí misma y en la importancia de no interrumpir mi carrera profesional, pero inmediatamente después de mi aborto empecé a pensar en mi hijo, que nunca nacería y un intenso dolor comencé a sentir dentro de mí.

“La vida verdaderamente me fue de mal en peor hasta que sentí que no podía seguir viviendo con el dolor que me consumía. Fue en este momento, casi cuatro años después de mi aborto, cuando clamé a Dios y la culpabilidad y la pena empezaron a ceder… Jesucristo no sólo es el que perdona los pecados sino también el que cura a las mujeres que tienen su corazón destrozado. Él volvió a dar sentido a mi vida y me restauró física, emocional y espiritualmente.

Somos la voz de la experiencia de muchísimas mujeres que han sufrido las devastadoras secuelas del aborto, las víctimas supervivientes de la mentalidad del aborto. Mujeres tales como Sandy, que ha intentado tres veces el suicidio desde que abortó hace tres años. Mujeres como Leslie, que no ha sido capaz de mantener un empleo durante más de tres meses seguidos desde su aborto en 1974. Mujeres como la catedrática de inglés en la Universidad de Cornell, que sufre frecuentes pesadillas en las que oye a su hijo suplicar por la vida del bebé mientras la máquina de succión lo reduce a una emulsión.

Y mujeres como yo misma, que cuando me encontré embarazada y soltera, casi me sentí obligada a seguir las ideas liberales que había adoptado, a ejercer mi supuesta libertad reproductora y a practicarme un aborto.

Antes del aborto pensaba sólo en mí misma y en la importancia de no interrumpir mi carrera en la universidad. Pero inmediatamente después de mi aborto, empecé a pensar en mi hijo que nunca nacería y un intenso dolor empecé a sentir. El noviazgo con el padre del niño se rompió, porque estaba profundamente avergonzada de mi traición y pronto mi culpabilidad y mi pena se volvieron tan intensas, que me vi obligada a abandonar la universidad.

Pasé 32 semanas en la unidad psiquiátrica de un hospital, donde sufrí una serie de tratamientos con electrochoque. Comencé a padecer anorexia y mi peso disminuyó a casi 70 libras (unos 32 kg). Además, comencé a sentir molestias y ahogo a nivel del corazón, tenía sólo veinte años y experimenté algunos ataques cardíacos en los que me sentía morir.

Me practiqué el aborto para no “perder” seis meses de mi vida. Sin embargo, en vez de ello, perdí casi cuatro años de mi vida, mi tranquilidad de espíritu, el joven con el que me habría casado y de mi primer hijo.

Nunca pude regresar a la universidad, pero durante mi estancia en el hospital, comprobé como ciertas drogas me ofrecían un breve alivio emocional, así que cuando me dejaron salir, aprendí a obtenerlas en la calle, y pronto me convertí en una drogadicta.

La vida verdaderamente me fue de mal en peor hasta que sentí que no podía seguir viviendo con el dolor que me consumía. Fue en ese momento, casi 4 años después de mi aborto, cuando supliqué a Dios que me ayudara y pude comprobar como empezaron a disminuir mi pena y mis sentimientos de culpa. Jesucristo no es sólo el que perdona los pecados, sino también el que cura los corazones rotos. Él volvió a dar sentido a mi vida y me restauró física, emocional y espiritualmente. Este es el mensaje que damos a las mujeres que sufren tremendamente al sentirse culpables, cuando se dan cuenta que, por su egoísmo y por ignorancia, han matado a sus propios hijos.

Diez años de aborto “a petición de la interesada” durante los nueve meses del embarazo, han recogido una amarga cosecha de mujeres deshechas y arrepentidas en los Estados Unidos. Alrededor del 10% de los 10 millones de mujeres que han abortado en los Estados Unidos nunca volverán a quedar embarazadas, sus abortos las han dejado estériles. Soportarán la horrible de darse cuenta durante toda su vida que mataron a los únicos hijos que tuvieron. Otro 20% experimentará infecundidad y dificultades de la reproducción, tales como aborto espontáneo, a causa de los daños en el cuello del útero; embarazo ectópico; una mayor frecuencia de alumbramientos de niños muertos y una mayor frecuencia de anormalidades congénitas y retraso debido a los partos prematuros.

Diez años de carnicería legal han dado lugar a las mujeres que nuestra organización representa. Mujeres como nuestra presidenta, Nancyjo Mann del Estado de Iowa, que tuvo uno de los llamados abortos “seguros” y legales por envenenamiento salino, el cual consiste en la introducción de una solución salina de alta densidad en el fluido amniótico, por medio de una inyección a través de la pared abdominal. La solución salina quema la piel del niño aún no nacido y éste sufre tremendamente durante 12 a 24 horas, antes que muera dentro del seno materno envenenado. Después del aborto, a Nancy se le presentó una fiebre muy alta debida a la infección, y se requirió una histerectomía de urgencia para salvar su vida.

Hay una mujer en Kansas que sufrió se practicó un aborto tardío en el segundo trimestre por histerotomía, operación que consiste en realizar una incisión quirúrgica en el abdomen para extraer al niño, tal como se hace en la cesárea. La diferencia principal es que en la histerotomía, en vez de reanimar al niño y colocarle en una incubadora para que entre en calor, se le corta el cordón umbilical y se tira en un cubo. En los Estados Unidos se realizan muchas histerotomías cada año, pero ésta en particular fue realizada porque en el aborto que le habían practicado en el primer trimestre del embarazo tres meses antes, sólo había abortado a uno de sus trillizos.

Hablo en nombre de una mujer de Carolina del Norte, lesionada por el llamado aborto “seguro” y legal, realizado por succión y raspado, en el primer trimestre. En este tipo de aborto un instrumento afilado y curvo, conectado a una máquina de aspiración, se introduce en el útero a través del cuello uterino, dilatado abierto previamente, y el niño aún no nacido es destrozado y por aspiración convertido en una emulsión. Desgraciadamente, en el caso de esta mujer de 23 años, el instrumento afilado perforó la pared uterina, invadió la cavidad corporal, y no sólo su hijo fue aspirado dentro de la máquina, sino también una trompa de Falopio, un ovario, y su intestino delgado –el intestino delgado mide 6,1 m– excepto una pequeña porción (unos 14 cm) que se salvó. Esta mujer que ejerció su supuesta libertad de la reproducción apenas tendrá libertad durante el resto de su vida. Pasará de 12 a 14 horas al día conectada a un “gotero”, porque su organismo simplemente no puede absorber los nutrientes que necesita para mantener su vida.

Cuando realizamos consejería en las inmediaciones de las clínicas de abortos, y hablamos con las mujeres jóvenes, les decimos que una vez que una mujer queda embarazada sólo hay dos posibles resultados: ser madre de un hijo vivo o madre de un hijo muerto. Les decimos que el embarazo pone en marcha una cadena de acontecimientos hormonales destinados a transformar a la mujer en madre. Cuando esa cadena biológica natural de acontecimientos se frustra artificialmente por el aborto, se origina toda una serie de trastornos psíquicos. Algunas mujeres están más capacitadas para hacerles frente, interiorizándolos o sublimándolos, pero siempre hay que pagar un alto precio por la violenta traición cometida contra la propia integridad física, emocional y espiritual.

“Éste es el mensaje que transmitimos a las mujeres que sufren la pena intensa de sentirse culpables, por su egoísmo e ignorancia, de la muerte de sus propios hijos”. He aquí los datos de WEBA: WOMEN EXPLOITED BY ABORTION, INC., International Headquarters (Sede Internacional), Route 1, Box 821,Venus, Texas 76084, U.S.A.; tel.: (214) 366-3600.

FUENTE: Patty McKinney, “Somos la voz de la experiencia”. McKinney pertenece a la organización “Women Exploited By Abortion” (WEBA) o “Mujeres Explotadas por el Aborto”.

 


Un sacerdote relata su experiencia sobre la ayuda que presta a las víctimas del aborto

Nuestra Iglesia, Madre y Maestra, y por tanto protectora, es defensora del débil, del pobre, del niño, en definitiva, de la vida. Ella reconoce en cada niño que nace un llamamiento que nos interpela y compromete a hacer un mundo mejor.

Mi experiencia en la pastoral, como sacerdote católico, ha sido la de llevar consuelo a la otra víctima del aborto, a la madre. Gracias a ello, he podido experimentar su angustia, su dolor, su arrepentimiento, su trauma y sus sentimientos de fracaso, todo ello por haber permitido en su vida, en su cuerpo, la muerte de su propio hijo.

A continuación presento, someramente, cuatro casos de mujeres que han experimentado la pena del aborto. Los nombres son ficticios, los casos son reales:

Mary es una joven de apenas 17 años, fue violada por el huésped de su madre cuando tenía 12 años y la madre la obligó a abortar. Hoy en día Mary es una joven triste, con un peso interior que la atormenta, una carga que lleva sola y que la acompaña desde hace años. Cada vez que habla conmigo el llanto aflora a sus ojos, arrepentida por no haber tenido la valentía necesaria para tener a su hijo.

Berta es una joven señora abandonada por el esposo en plena “luna de miel”. Ella en venganza abortó el niño que había concebido, hoy se encuentra arrepentida y llora amargamente su decisión.

Dulce es casada y su esposo la obligó a hacerse un aborto por razones económicas. Esta decisión hoy en día es el tormento de ambos. En la actualidad están pagando la educación de la hija de su empleada de hogar. Ella también llora con frecuencia y tiene sueños que la atormentan.

Alba María tiene 49 años, en su juventud abortó en tres ocasiones. Esto la ha atormentado durante años y hoy que lo confiesa, por primera vez se siente aliviada. Juntos hemos orado y le hemos pedido el perdón al autor de la vida, a Dios Nuestro Señor.

Estoy convencido como sacerdote, de la gran ayuda que merecen estas pobres mujeres. Lo primero que hay que mostrarles es el rostro misericordioso de Dios y el amor maternal de la Iglesia. Dios se hizo niño para salvarlas; la aceptación de la propia culpabilidad, no es un obstáculo, sino todo lo contrario, una ayuda para encontrarse con el amor misericordioso de Dios. Debemos enseñarlas a ver en cada niño a Dios mismo, un Dios que las perdona, puesto que han reconocido su culpa.

FUENTE: Padre Freddy Zambrana, “Dios es misericordioso… La Iglesia también”. El Padre Zambrana de origen nicaragüense, es educador, misionero y consejero matrimonial. Actualmente es párroco de la parroquia San Isidro de Matagalpa, en Nicaragua.

 


Para mi criatura desconocida

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Yo te maté hace tanto tiempo…
Lo que no sabía en ese momento
era que yo también moriría por dentro.

Nadie me castigó por eso
Y nada podría castigarme lo bastante.
Pero todo este sufrimiento
Es castigo más que suficiente.

Si yo pudiera regresar en el tiempo
Tu estarías aquí a mi lado…
E intuyo ¡cuánto me habrías amado!

¿Podrás perdonarme,
mi criatura desconocida?
Y tu, perdóname por favor,
Señor y Dueño de la vida!

Este y muchos otros poemas saldrán publicados en: Algunos pasos hacia EL CAMINO, por Eva Lerner de Escamilla.

 


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“Vida muerta”

Piececitos formados en mi seno
-después de tres meses concebidos-
andariegos futuros, ya impedidos
del libre movimiento, por mi decidido
propósito de evitarte ser nacidos.

Sí, yo, tu madre -de tu cuerpo estuche-
delegada por Dios para ampararte
desde la propia entraña, en vez de amarte,
fui verdugo implacable y el peluche
de tu piel deseché al asesinarte.

Yo, llamada por Dios a ser tu guía
en el rudo bregar de este combate,
fin le di a tu existir y aquel embate
tortuoso de tu trágica agonía
prolonga el cruel tormento que me abate.

Piececitos que andarán por mi conciencia
retumbando en las bóvedas de un sueño
inquieto y destructor; de piedra, el ceño
se ha incrustado de luto ante tu ausencia:
remordimiento eterno hecho en mí dueño.

¡Duro final segar en flor tu vida,
comienzo de mi muerte indefinida!

FUENTE: Anónima, “Vida muerta,” Escoge la Vida (julio-agosto de 1992).

 

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