Síndrome post aborto, Dr. Edgar Herández Galvez

Síndrome post aborto

Por el Dr. Edgar Hernández Gálvez


El aborto provocado es un procedimiento criminal que ha sido utilizado a lo largo de la historia de la medicina, como la forma de matar al niño concebido y no nacido. Con frecuencia se utilizan eufemismos como “evacuar el útero” o “interrumpir el embarazo”, para referirse al aborto provocado sin tener que emplear el término médico, que tiene sus claras connotaciones éticas.

El presente trabajo tiene por objeto divulgar un Síndrome poco conocido en la literatura médica general y aún en la especializada.

El aborto provocado, calculado en 50,000,000 al año en el mundo entero (según datos de la Organización de Naciones Unidas), ha sido poco estudiado en su aspecto emocional o psicológico.

¿Qué sucede en la personalidad de la mujer que se somete a este procedimiento? ¿Qué sucede en el cónyuge, novio o conviviente? ¿Qué sucede en el personal médico y paramédico que lo practica? Las anteriores son interrogantes que han sido pobremente respondidas.

No es sino hasta la década pasada gracias a las observaciones clínicas del Dr. Nathanson, que el estudio de esta situación clínica se empieza a perfilar.

Nathanson se dio cuenta de que la mujer que se sometía a este procedimiento, pasado el tiempo, presentaba síntomas no sólo en su aspecto físico (cefalea, gastralgia, etc.), sino también en su aspecto emocional (insomnio, crisis de angustia, crisis depresivas, abuso de alcohol, dispareunia, frigidez, anorgasmia, etc.).

Para comprender mejor este síndrome (SPA), es importante recordar que la experiencia del aborto provocado en una mujer puede generar dos posibilidades:

  • Ningún efecto psicopatológico.
  • Algún efecto psicopatológico.

En el primer caso, se tratará de pacientes con cierto grado de oligofrenia y que, por lo mismo, no tienen la suficiente conciencia de su propia conducta y de la trascendencia de la misma. Podrá también tratarse de un previo trastorno de la personalidad de tipo sociopático, en el cual la falta de sentimientos de culpa, elemento normal en la personalidad, explica porqué aquella persona no desarrolla síntomas clínicos. Consideradas esas excepciones, la gran mayoría de la población desarrollará algún síntoma psicopatológico.

La experiencia de un aborto provocado, en una personalidad normal, desencadenará algo similar a las experiencias traumáticas de los combatientes de guerra. En ambos casos los pacientes se han negado a reconocer y vivenciar su dolor por aquellos que murieron. En los combatientes de guerra hay que considerar el riesgo mortal que en sí conllevaba su participación, se mezcle o no con culpa. En el caso de la mujer que aborta voluntariamente ese elemento no está presente y se asocia siempre con culpa no vivenciada ni reconocida (negada).

¿Por qué hasta ahora el Síndrome post aborto (SPA) ha sido poco divulgado en la literatura médica? Creo que la razón fundamental es porque se le conoce poco. Los médicos que se encuentran ante un caso de SPA, muchas veces lo ignoran y en tal sentido no lo estudian. Por otro lado, es importante señalar que muchas mujeres utilizan un fuerte mecanismo de negación o de desplazamiento y en tal sentido no lo refieren en su historia clínica. Lo que generalmente se atienden son las secuelas psicológicas del mismo. El conflicto se ha desplazado a síntomas físicos o psicológicos y el médico que atiende ese caso podrá, si no lo investiga, contentarse con tratar los síntomas que la paciente le refiere. Al final, con cierta decepción por ambas partes (médico y paciente), se considerará un caso “refractario al tratamiento”, o bien “con tendencia a la cronicidad sintomática”.

¿Cuál es la dinámica psicológica en la personalidad de la paciente que aborta voluntariamente? Normalmente ante una agresión la respuesta psicológica es de cólera. Generalmente se tratará de una emoción colérica y en muy pocos casos de un sentimiento colérico. Regularmente la cólera será proporcionada a la agresión, en pocos casos desproporcionada. Normalmente se tenderá a que la cólera generada se dirija al sujeto agresor o a la situación agresora.

En el caso de un aborto provocado, la madre del niño, ya concebido y no nacido, percibirá su embarazo como una agresión (agresión a su “libertad”, a sus planes personales de vida: unas vacaciones planeadas, una tésis no concluída, una oportunidad de promoción en su empleo, un desencanto a su familia etc.).

Sea cual fuere el motivo, la consecuencia de percibir su embarazo como un agresión, desencadenará una emoción colérica; pero a diferencia de la cólera normal, que se dirige al sujeto agresor, ésta se desplazará a un ser inocente y consecuentemente la madre misma se convertirá en sujeto agresor de su propio hijo. La vivencia íntima posterior de ser un agresor, despertará en ella cólera contra sí misma y de allí la comprensión de los síntomas que, obviamente, tienen un claro sentido autopunitivo.

Normalmente en la consulta médica la paciente no mencionará su experiencia de aborto provocado. Es importante que el terapeuta la tenga en cuenta en aquellos casos en los cuales la historia personal implique relaciones sexuales prematrimoniales, relaciones promiscuas o relaciones sexuales con un hombre casado.

La sintomatología clínica aparecerá o se intensificará generalmente pasado un año de la experiencia del aborto. De cualquier forma, cuando no se ha presentado la sintomatología clínica aparecerá o se intensificará generalmente pasado un año de la experiencia del aborto. De cualquier forma, cuando no se ha presentado la sintomatología clínica pasado un año, su riesgo se mantendrá y serán desencadenantes emocionales: la experiencia de un nuevo embarazo, la incapacidad para concebir un nuevo bebé, la pérdida de un ser querido, o fiestas o celebraciones de fuerte contenido emocional como aniversarios, cumpleaños, bodas, cambios laborales, viajes, navidad, año nuevo, etc.

Ante un caso de Síndrome post aborto (SPA) se impone la actitud terapéutica y comprensiva. Junto al abordaje psicoterapéutico (no existe, a mi juicio, otra forma eficaz de ayuda para resolver el conflicto), deberá, como consecuencia de la elaboración psicoterapéutica, buscarse también la referencia a la ayuda espiritual, según la religión de la paciente. En el caso de pacientes ateas el proceso psicoterapéutico es más largo y doloroso.

El Síndrome post aborto (SPA) constituye, dentro del proceso de la psicoterapia, uno de los conflictos existenciales más importantes ya que la madre y/o el padre del niño abortado toman conciencia de la responsabilidad directa que han tenido al suprimir la vida de un inocente bajo pretexto de salvaguardar la propia. Vida por vida, ha sido, hasta ahora, el criterio de su racionalización. Sin embargo, al profundizar en su psicoterapia descubren, con dolor, que la cólera desplazada era su único móvil.

No existe, según mi experiencia clínica, conflicto existencial mayor que el descubrir la culpa parricida.

El Dr. Hernández Gálvez es Médico-Cirujano y Psicólogo. Médico especialista en Psiquiatría y Psicología Médica por la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, España. Ha sido Profesor de Análisis Existencial y Logoterapia en la Escuela Superior de Psicología de la Universidad Francisco Marroquín; Co- fundador del Programa de Post-grado en Psiquiatría del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social; Profesor de Historia de la Psiquiatría, Psicofarmacología, Psicopatología y Supervisor de Psicoterapia Individual en dicho programa; Miembro del Consejo Técnico de Salud Mental del país; Jefe del Servicio de Tratamiento Intensivo de Mujeres en el Hospital de Salud Mental Dr. Miguel F. Molina. Actualmente es Presidente de la Asociación Psiquiátrica de Guatemala; Profesor de Psiquiatría Clínica en el Programa de Post-grado en Medicina Interna en la Facultad de Medicina de la Universidad Francisco Marroquín; Co-fundador y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Guatemalteca de Bioética; Delegado de la Universidad de Navarra en Guatemala. El Dr. Hernández Gálvez se dedica a la práctica privada de su especialidad.

Publicado en Escoge la Vida No. 28, Enero/Febrero, 1995

Este artículo fue publicado originalmente en el Boletín de Bioética y Deontología Médica BIOETIMED, de la Asociación Guatemalteca de Bioética. Vida Humana Internacional lo ha reproducido con la autorización del autor. Para subscribirse a este informativo boletín diríjase a: 6ª. Ave. 8-71 Zona 10, 3er. Nivel Of. 13. Guatemala C.A. 01010. Apartado Postal 69F Telefax: 323-454.

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