Otra vez el aborto, editorial abc 27 de marzo 2004

OTRA VEZ EL ABORTO

Editorial ABC 27 Marzo de 2004

COMO hiciera en las dos anteriores legislaturas, el PSOE ha anunciado que reformará el Código Penal para despenalizar el aborto practicado durante las doce primeras semanas del embarazo. Actualmente el Código Penal, desde 1985, no sanciona el aborto cuando el embarazo es resultado de una violación, el feto presenta graves taras físicas o psíquicas o la gestación causa iguales riesgos a la madre. En 1997 y en 2001, el PP y parlamentarios de otros grupos rechazaron iniciativas similares del PSOE, cuya finalidad era implantar el aborto libre. Entonces, como ahora, la pretensión del PSOE no respondía más que al impulso ideológico de alterar la escala de valores social y jurídica que aún daba protección, precaria ciertamente, a la vida del ser humano concebido. Lo que ahora plantea el PSOE es suprimir estas indicaciones y sustituirlas por la decisión incondicional de la mujer, lo que implica abandonar la débil cobertura constitucional que tiene el actual sistema, basado en un conflicto de intereses que se resuelve a favor de la madre. El aborto libre que defiende el PSOE choca, en primer término, con el derecho a la vida consagrado por el artículo 15 de la Constitución. El Tribunal Constitucional afirmó en la Sentencia 53/85, de 11 de abril, que «ni ésta puede prevalecer incondicionalmente frente a aquellos, ni los derechos de la mujer pueden tener primacía absoluta sobre la vida del nasciturus, dado que dicha prevalencia supone la desaparición, en todo caso, de un bien no sólo constitucionalmente protegido, sino que encarna un valor central del ordenamiento constitucional». Esta sentencia, regateando su propia doctrina, acabó aceptando la constitucionalidad de las tres indicaciones despenalizadas en cuanto reflejaban intereses preferentes de la mujer.

La propuesta despenalizadora del PSOE ignora esta premisa constitucional y arroja sobre la sociedad una polémica innecesaria, que no responde a ninguna exigencia social, pues si lo que se quiere es extinguir -no evitar- embarazos no deseados, las estadísticas conocidas hasta el momento apuntan a que esa necesidad ya está cubierta con la legislación actual, lo que no es motivo de satisfacción. Según un informe publicado en febrero de 2003, el aborto voluntario había alcanzado el 15 por ciento de los embarazos y entre las interrumpidas se encontraban las gestaciones de casi la mitad de las adolescentes.

El principal problema no es, sin embargo, de oportunidad social o de razón jurídica, sino de percepción ética sobre las obligaciones del Estado con la vida humana concebida. Ante el dilema entre aborto y vida, el Estado no puede ser neutral, ni el aborto libre es un ejercicio de neutralidad por el hecho de descansar en la decisión unilateral de la madre -configuración machista que aleja al padre de cualquier responsabilidad-. Tampoco es admisible vender la bondad del aborto como salida de emergencia para los «deslices» de los jóvenes. El desarrollo de políticas de educación sexual, que defiendan un concepto responsable de la sexualidad, la información sobre procedimientos de adopción, la extensión de ayudas sociales y otras medidas similares deben constituir no el mero acompañamiento del aborto, como propone el PSOE con su ley de salud sexual, sino la alternativa del Estado -ofrecida a las familias- para cualquier maternidad conflictiva, porque antes que la calidad de vida hay que reconocer la existencia de la vida, como un bien absoluto que sólo debe ceder en casos de incompatibilidad extrema. El simplismo reduccionista de amplios sectores abortistas sólo ve en la defensa de la vida del nasciturus prejuicios religiosos. La creencia religiosa, en efecto, es una fuente legítima de argumentos frente al aborto, pero ni constituye un prejuicio prescindible, ni es la única fuente de razones. La moral laica también tiene su lógica contra el aborto, y nada más racional que apostar por la vida más indefensa en un Estado que se afirma de Derecho y que eleva los derechos humanos al cénit de su arquitectura constitucional.



Otra vez el aborto, editorial abc 27 de marzo 2004
Vota esta noticia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *