La “banalidad” del aborto

LA “BANALIDAD” DEL ABORTO (a propósito del fallo de la Corte
Suprema de Justicia USA en la causa “Gonzales, Attorney General vs.
Carhart et al”).

 

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&. I. Introducción. La banalidad del mal. &. II. El “partial birth abortion” o “aborto del
parcialmente nacido”. Su procedimiento y alternativa quirúrgica. &. III. Los principales
antecedentes de “Carhart 1 y 2”: “Roe”; “Doe” y “Casey”. A.- “Roe vs. Wade” y “Doe vs. Bolton”:
la limitación trimestral a la supervivencia. A. 1. Aborto y privacidad. A. 2. El “interés estatal
substancial” y la doctrina de “los tres trimestres”. B.- “Planned Parenthood vs. Casey”. B. 1. La
doctrina de la viabilidad: la gran pregunta de cómo llegar a ser viable si se es eliminado
previamente. B. 2. El caso “Tanus”. B. 3. La “carga excesiva” y el límite de la “viabilidad”. &. IV.
Los planteos de inconstitucionalidad en ambos “Carhart”. A.- La impugnación “por salud”. B.-
La impugnación “por vaguedad”. &. V. El interés inexcusable de prohibir el D&X. ¿Y el D&E? &.
VI. El tema central del debate sobre el aborto: la humanidad del por-nacer.-A.- El escamoteo de
la cuestión. La tradición sofística de la Corte Suprema estadounidense: “Roe” y su directo
precedente “Dred Scott”. B.- El ordenamiento internacional sobre derechos humanos y la
civilización jurídica. &. VII. La respuesta de la ciencia y del sentido común. &. VIII. La
humanidad y la personalidad jurídica: un fruto de la civilización. &. IX. Una luz de esperanza.
Rodolfo C. Barra
&. I. Introducción. La banalidad del mal.
Con este título –“La banalidad del mal; Eichmann en Jerusalem” – y a
propósito del proceso penal seguido contra el oficial nazi, la filósofa judía
Hanna Arendt1 publicó un ensayo tan profundo como polémico sobre “la
maldad”, o más bien sobre uno de sus aspectos, no siempre suficientemente
advertido: la maldad manifestada, practicada y relatada como un hecho trivial,
mecánico, procesal, burocrático, casi una obviedad.
No es que Arendt pretendiese empequeñecer –o su estudio lo hiciera- la
monstruosidad del Holocausto. Por el contrario, al presentarlo así, como un
hecho dotado de la superficialidad de lo mecánico, logra provocar un
sentimiento de horror distinto al habitual, especialmente por temor a que el mal,
en su faceta banal, y por así serlo, pudiese generar una suerte de aceptación
costumbrista. Julia Kristeva, otra pensadora judía actual, comentó aquella
calificación “arendtiana” diciendo que “ese” mal, aunque “radical”, “fue banal no
por insignificante, sino por haber sido el resultado de una obediencia y de una
incapacidad de pensar terriblemente difusa” (subrayado agregado)2.

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