La píldora del día siguiente, José lópez Guzmán

La píldora del día siguiente

 

José López Guzmán. Profesor de Deontología Farmacéutica
Alfa y Omega (ABC), 14 de octubre de 2004

El reciente anuncio de que en Cataluña se está negociando con Sanidad la posibilidad de vender en las Oficinas de farmacia la píldora del día siguiente sin receta ha generado una viva polémica en medios sanitarios. Administración, médicos y farmacéuticos han expuesto sus opiniones. En la mayoría de ellas concurre un elemento común: se fundamentan en una mentalidad utilitarista y pragmatista, tan en boga en nuestra sociedad. O lo que es lo mismo, se basan en el principio de que el fin justifica los medios: la utilidad, los resultados de una determinada acción justifican, siempre y en todo caso su realización, aunque en el camino queden muchas cosas importantes.


La corporación farmacéutica catalana está contenta ante la posibilidad de vender la píldora del día siguiente sin receta. En su opinión “es una buenísima noticia” que la Consejería cuente con las Oficinas de farmacia. La Administración también está satisfecha por haber encontrado un método sencillo, en su opinión, para paliar el alarmante incremento en la tasa de adolescentes embarazadas.


Sin duda, con esta propuesta los farmacéuticos de Oficina de farmacia no perderán un negocio, y la Consejería de salud podrá esgrimir que ha implantado una medida para solventar el “problema” de los embarazos no deseados. Ahora bien, esos propósitos, aún llegándose a cumplir, no son acordes con el objetivo prioritario que debería guiar a las citadas instituciones: la protección de la salud de los ciudadanos y el uso racional de los medicamentos.


La píldora del día siguiente fue aprobada para su comercialización, por la Dirección General de Farmacia y Productos sanitarios, como un medicamento que necesita receta médica para su dispensación. La exigencia de la receta no es un capricho o una arbitrariedad de nuestros legisladores. El cuidado de la salud de la población reclama unas medidas que racionalicen el uso de los medicamentos.


Así, cuando una especialidad farmacéutica contiene unos principios activos que puedan ofrecer un riesgo se exige la receta médica como requisito que asegura que: la dispensación ha sido precedida por un diagnóstico; el paciente va a tener un seguimiento médico en el caso de repetir el tratamiento; el enfermo no va a tomar más medicación que la necesaria; el paciente va a ser consciente de que lo que ingiere no es inocuo.

Este es el caso de la píldora del día siguiente, una “bomba” hormonal que, en atención a la seguridad y la salud de la usuaria, se ha considerado que no debe ser utilizada de forma indiscriminada. De hecho, desde su comercialización, se ha mantenido, en la información científica o en los protocolos de prescripción, que nunca debe ser usada como un método anticonceptivo habitual.

Varias cosas llaman poderosamente la atención:


a) que se plantee ahora una estrategia de este tipo (proponiéndose incluso realizar cambios legales), sin tener en cuenta el serio riesgo que supone para la salud de las usuarias.


b) que se ignore la experiencia de otros países, en los que este producto se ha mostrado ineficaz para los objetivos perseguidos (por ejemplo en Gran Bretaña). En efecto, se ha evidenciado que la facilidad en la adquisición de métodos postcoitales aumenta la tasa de embarazos no planeados, como consecuencia de asumir un mayor riesgo en las relaciones sexuales. Además, se ha constatado que ese incremento en el riesgo, por frecuencia o por ocasionalidad en las relaciones sexuales, lleva asociado un aumento en las enfermedades de transmisión sexual.

En conclusión, dejando de lado el efecto que estos productos tienen en el embrión si ha habido fecundación, nos encontramos con una medida que, no estando claros los beneficios que va a generar, va a poner en riesgo la salud de muchas mujeres (principalmente adolescentes) que van a incorporar estas píldoras como un método ordinario de anticoncepción.

 

 

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