¿POR QUÉ LLAMAR ABORTO TERAPÉUTICO A LA INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO EN LA GESTANTE SEROPOSITIVA PARA EL VIH?

¿POR QUÉ LLAMAR ABORTO TERAPÉUTICO A LA INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO EN LA GESTANTE SEROPOSITIVA PARA EL VIH?

1Enrique J. Jareño, 2Amparo Martínez Blasco, 3Ina Wenz, 2F. Javier Romero*

 

1Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de Valencia, 46010-Valencia, 2Departamento de Fisiología de la Universitat de Valencia. 46010-Valencia, y 3Fundación SIDA y Drogas, 46530-PuVol (Valencia).

 

*A quien se debe enviar la correspondencia a:

Prof. Dr. Fco. Javier Romero Gómez

Departamento de Fisiología

Facultad de Medicina y Odontología

Universitat de Valencia

Av. Blasco Ibáñez, 17

46010-Valencia

Correo electrónico: fco.romero@uv.es


 

El Código Penal Español (artículo 417 bis) prevé tres supuestos en los que se despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo:

1.    que suponga un peligro para la salud de la madre.

2.    que sea la consecuencia de una violación.

3.    que sean esperables taras graves en el hijo.

En nuestro país se sigue proponiendo la oferta, a las gestantes seropositivas para el VIH, de la posibilidad de la interrupción voluntaria del embarazo, como procedimiento para la profilaxis de la transmisión vertical (1), interpretándolo como aborto terapéutico, amparándose en el primero y el tercero de estos supuestos (en este caso la posibilidad de empeoramiento de la enfermedad en la madre y la posibilidad de transmitir la infección por el VIH al neonato).

Respecto al primer supuesto, varios estudios de cohortes en gestantes infectadas han demostrado fehacientemente que la gestación no acelera la progresión a SIDA (2-4). Si bien es cierto que en estas gestantes se produce un descenso del recuento de linfocitos CD4 durante el embarazo, este parámetro inmunológico se normaliza aproximadamente 6 semanas después del parto; además la carga viral no se altera (5). Por otro lado, durante los últimos años, una buena proporción de mujeres seropositivas previamente no tratadas se han beneficiado del inicio de un programa de tratamiento con fármacos antirretrovirales a raíz de haber quedado embarazadas.

Respecto al tercer supuesto, es cierto que hasta el año 1994 podían darse porcentajes de transmisión de la infección al recién nacido en muchos casos por encima del 25% en los países desarrollados, porcentaje que sigue siendo válido hoy en día para los países del tercer mundo (6). En ese año se publican los resultados del protocolo ACTG 076, basado en el empleo en gestantes seropositivas de zidovudina (AZT) durante el embarazo, con un refuerzo de AZT intravenoso durante el parto, y como profilaxis post-exposición en el neonato durante 6 semanas, con lo cual se consigue reducir el porcentaje de contagio al recién nacido hasta aproximadamente un 8% (7-8).

No obstante, en estos últimos años se ha demostrado la eficacia de otros métodos que pueden reducir todavía más este riesgo de contagio, barajándose cifras por debajo del 2% en los casos en que se han aplicado (9-14). Uno de estos métodos sería el empleo de terapias antirretrovirales potentes en las gestantes infectadas (12, 15-17), que pueden conseguir reducir al mínimo la carga viral del VIH previa al parto, siendo éste uno de los principales marcadores de riesgo de transmisión del virus al recién nacido (9, 18-19). El otro sería la cesárea electiva antes de iniciar dinámica de parto (13-14, 17, 20-21), que evitaría el momento de mayor riesgo de contagio para el feto, que es el paso por el canal vaginal durante el parto (22).

Si a esto le añadimos el posible empleo de otros fármacos en adición al AZT como profilaxis post-exposición en el neonato, este porcentaje podría ser todavía menor; con algunos fármacos, como es el caso de la lamivudina (3TC) y la nevirapina (23-25) ya se ha demostrado su tolerancia en el recién nacido y su posible eficacia, recomendándose su empleo sobre todo en aquellos casos en que no se han podido emplear los métodos de prevención en la gestante (tratamiento antirretroviral y cesárea) (12, 17, 26-28).

Otra cuestión a tener en cuenta sería que se trata de la transmisión de una enfermedad cuyo pronóstico ha cambiado mucho en los últimos años gracias al empleo de las nuevas terapias antirretrovirales (29-32), permitiendo prever que la supervivencia y la calidad de vida de esos niños, aún en el peor (y relativamente poco probable) de los casos de que nacieran infectados por el VIH, será mucho mayor de lo que se hubiera podido esperar hace 4 ó 5 años. Además, no podemos dejar de lado la velocidad a que se está desarrollando la investigación en el tratamiento del SIDA, permitiéndonos albergar la esperanza de que algún día se convierta en una enfermedad curable o, al menos, una enfermedad crónica compatible con una larga supervivencia.

 

CONCLUSIÓN.

 Teniendo en cuenta que la gestación no empeora la evolución de la gestante seropositiva y que, si se aplican bien los métodos de prevención de transmisión vertical, el riesgo de contagio al neonato en nuestro entorno es muy bajo, pensamos que la interrupción voluntaria del embarazo en las gestantes seropositivas para el VIH no debiera considerarse como aborto terapéutico. Pensamos también que debiera antes informarse a la gestante de todas las posibilidades de que se dispone para reducir al mínimo el riesgo de contagio a su hijo, y de las posibilidades de tratamiento en el caso de que se diera este contagio.

 

Agradecimientos

 

         Nuestro agradecimiento al Dr. V. Villar Amigó de la Fundación Sida y Drogas (PuVol, Valencia), por las críticas y sugerencias en el desarrollo de esta idea.

 

 

 

 BIBLIOGRAFÍA

 

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