Estudio sobre el aborto

 Aborto  

 La medicina entiende por aborto –del latín abortus Hechas estas precisiones terminológicas, podemos distinguir varios tipos de aborto: El aborto puede ser espontáneo o provocado. El espontáneo se produce o bien porque surge la muerte intrauterinamente o bien porque causas diversas motivan la expulsión del nuevo ser al exterior, donde fallece dada su falta de capacidad para vivir fuera del vientre de su madre. Si el aborto es provocado, se realiza o bien eliminando al feto en el seno materno o bien forzando artificialmente su expulsión para que muera en el exterior.Éste, a su vez, puede ser: 1. Directo: es el que busca la muerte del feto como fin en sí misma (para deshacerse de él por el motivo que sea), o como medio para conseguir otra cosa (evitar riesgos a la madre, no perder un empleo, o la buena fama, etc.). 2. Indirecto: es el que se causa inevitablemente, sin quererlo, como efecto secundario de una finalidad buena. La diferencia entre el aborto directo como medio y el indirecto está en que en el primero sí se quiere la muerte del feto (aunque sea para conseguir otra finalidad), mientras que en el indirecto, en ningún momento se quiere abortar, sino que ello deriva de otro acto sí querido.

1. El aborto a lo largo de la historia

 Desde tiempos remotos, se difundieron los más diversos métodos para inducir el aborto, pero ya en el Antiguo Testamento se condenó su práctica. Las leyes asirias de la antigua Mesopotamia prescribían que “si la mujer ha perdido el fruto de su vientre por propia voluntad y se aportan pruebas contra ella, será apaleada y su cuerpo no recibirá sepultura”.En la Grecia clásica, Platón y Aristóteles aconsejaban abortar a la mujer con numerosos hijos y que no deseara tener más. Sin embargo, Solón y Licurgo dictaron leyes que prohibían el aborto, y Lisas introdujo la cuestión de si el feto era un ser animado o no. En el código deontológico de Hipócrates, conocido como el “juramento hipocrático” se lee textualmente: “No ayudaré a una mujer a provocar el aborto”. Durante la Roma imperial, el aborto se practicó con la máxima libertad. Ovidio, por ejemplo, alude a una “liga en pro del aborto”, pero fue prohibida su práctica con la caída del Imperio.
 A la luz de los principios cristianos, cobró carta de naturaleza la conciencia de que abortar era un acto “criminal”, difundiéndose la doctrina de que el feto posee un alma desde el momento de la fecundación, de modo que el aborto fue asimilado al asesinato. Esa idea aparece también formulada explícitamente en la Dieta de Worms (1521).Tras la influencia de las ideas de Malthus y de la llamada “revolución demográfica”, empezó a hablarse de control de la natalidad, de planificación familiar, etc., de modo que en las sociedades modernas vino a considerarse como un medio más de anticoncepción, hasta el punto de que las legislaciones civiles, que habían sido generalmente restrictivas, se liberalizaron, especialmente a partir del primer tercio del siglo XX, con las leyes despenalizadoras en la antigua URSS (1920), en los países escandinavos (1934) y en la Alemania nazi. Actualmente, el aborto está legalizado o despenalizado en muchos países del mundo occidental. En cambio, son reacios a cualquier tipo de liberación numerosos países de América del Sur y la mayoría de los países asiáticos y africanos, con las excepciones de Egipto, Israel, Túnez, India, Japón y Talilandia.
2. Métodos de practicar abortos

 Desde el punto de vista técnico, los métodos más usuales para provocar un aborto pueden considerarse los siguientes: 1. Aborto por aspiración: Se dilata primero el cuello uterino con un instrumental adecuado a esta función, para que por él pueda caber un tubo que va conectado a un potente aspirador. La fuerza de la succión arrastra al embrión y al resto del contenido uterino, todo deshecho en pequeños trozos. Una vez terminada la operación de succión, se suele realizar un legrado para obtener la certeza de que el útero ha quedado bien vacío. Este método se suele utilizar cuando el embarazo es de menos de diez o doce semanas. 2. Aborto por dilatación y evacuación: Es la técnica más empleada durante el  tercer  trimestre del embarazo en EE.UU. Consiste en introducir en el cérvix o cuello uterino un alga marina seca la noche anterior a la intervención. Esta alga marina se hincha y al hincharse abre el cuello. No obstante, para lograr una óptima dilatación, el abortista introduce otros instrumentos de diámetro progresivamente mayor para conseguir la rotura de aguas. Posteriormente, introduce un fórceps, instrumento en forma de tenaza, con el que va arrancando pieza a pieza las distintas partes fetales. 3. Aborto por  embriotomía o legrado: Se utiliza cuando el feto está más desarrollado y no saldría fácilmente con el método de aspiración. El legrado o raspado comienza por dilatar convenientemente el cuello del útero, lo que sólo puede hacerse bajo anestesia. Luego se introduce en el útero una especie de cucharilla de bordes cortantes llamada “legra”, que trocea bien a la placenta y al hijo al ser paseada de arriba a abajo por toda la cavidad del útero y proceder a su extracción. El abortista debe identificar cuidadosamente todos los restos extraídos para asegurarse de que no ha quedado nada dentro de la madre. 4. Aborto por  inyección salina: Consiste en inyectar en el saco embrionario una solución salina hipertónica o una solución de urea. Este líquido quema la piel del feto y lo mata lentamente (más o menos en una hora). Al día siguiente, si no hay complicación, se produce el parto del feto muerto. 5. Aborto por  histerotomía: Cuando el feto es ya muy grande, son peligrosos los anteriores métodos y, como hay que evitar que nazca por vía natural (pues sería infanticidio el matarlo después), se hace una operación quirúrgica (o cesárea) extrayendo el feto entero y dejándolo morir. Habitualmente se extraen niños vivos, que se mueren poco después por ser inviables. Pero, a veces por este procedimiento se han extraído niños vivos que eran viables, y entonces se les ha dejado morir sin prestarles los cuidados que posiblemente habrían permitido salvarlos, o bien se les ha provocado la muerte, habitualmente por asfixia. 6. La píldora:  Actualmente existen varios tipos de píldoras esencialmente distintas en cuanto a sus repercusiones abortivas: las píldoras anticonceptivas y las píldoras directamente abortivas. Normalmente se piensa (porque la propaganda así lo dice para vender mejor) que las píldoras “anticonceptivas” que toman gran número de mujeres en todo el mundo para no quedarse embarazadas actúan impidiendo la fecundación, y es verdad, pero no toda la verdad, ya que la mayoría de esas píldoras actúan a varios niveles, de manera que si falla el primero, y un óvulo madura y es fecundado, entonces impiden que se implante en el útero, o lo destruyen, si logra implantarse. En estos dos últimos casos la píldora ya no es anti-conceptiva, sino claramente abortiva, pues no impide la fecundación, sino que mata al embrión que ya ha empezado a vivir. Por último, las recientemente inventadas y comercializadas píldoras abortivas, se emplean cuando existe la certeza de que la mujer está embarazada. Este sistema (que se usa en los primeros días del embarazo) es por lo tanto claramente abortivo como su nombre indica. 7. Los DIUs : el mismo modo funcionan los “dispositivos intrauterinos” (DIUs) impidiendo la implantación del embrión por un método mecánico, como las píldoras lo hacen por un procedimiento químico-hormonal.
  
3. Argumentos a favor del aborto

 Las razones que se dan para considerar el aborto como un derecho humano son:
 1. Un feto no es un ser humano, mientras que la mujer embarazada sí lo es; por lo tanto, el feto no tiene ningún derecho y la embarazada sí los tiene. ¿Un feto no es un ser humano? En el fondo del tema ésta es la cuestión más importante para considerar el aborto como un derecho o como un crimen. Si el feto es un ser humano, será sujeto de derechos y, por lo tanto, matarle (o “interrumpir el embarazo” que es lo mismo) es un homicidio inmoral, tanto si es directo como si es indirecto, Mientras que si no puede considerarse como un ser humano, entonces no tiene “Derechos Humanos” y abortar no es asesinar a nadie, sino simplemente extirparse un miembro.La vida del nuevo ser humano comienza (V. Vida humana, comienzo de la) con la fusión de los pronúcleos masculino y femenino, es decir, con la fecundación del óvulo. El óvulo fecundado tiene ya toda la dotación cromosómica necesaria, es decir, total capacidad para alcanzar su pleno desarrollo. Se puede decir que en ese momento el óvulo fecundado no es una posibilidad de vida humana, sino una vida humana llena de posibilidades. Él mismo dirige su propio desarrollo. Es un ser independiente y autónomo, que únicamente necesita ser alimentado y el ambiente adecuado que la madre le presta.
 El zigoto (óvulo fecundado o huevo) se considera el primer eslabón de la cadena biológica en cualquier individuo humano, porque antes de él, un óvulo o un espermatozoide por separado no tienen sino la mitad del código genético que ha de tener en sus células cualquier individuo para constituirse como un ser vivo; y aunque ambos “gametos” están vivos, no son seres vivos, sino tan sólo partes de un ser vivo (la mujer o el hombre del que proceden). Sin embargo, un zigoto ya no tiene la mitad del código genético, sino que lo tiene completo y, además, distinto al de sus progenitores. Ese zigoto que se forma en cuanto se unen un gameto masculino con uno femenino, ya es un individuo con vida propia, pues en su código genético están todas las instrucciones necesarias para que crezcan, se formen y perfeccionen sus órganos con suma precisión en un proceso que durará más de veinte años, siendo su nacimiento tan sólo una de sus etapas. El zigoto comienza a funcionar por sí mismo (aunque dentro de un medio que le sirve de protección y nutrición que es el vientre de su madre, y luego será el aire, el agua, etc.) y a los pocos días se habrá implantado en el útero materno produciendo él mismo una hormona para evitar el rechazo por parte de la madre. Aunque no lo veamos a simple vista en sus primeros estadios, el feto no es un órgano de la madre, sino un individuo vivo, lleno de tal vitalidad que de un día a otro, miles de sus células nacen, se especializan y hacen posible la etapa siguiente… Por eso, desde el punto de vista biológico, un niño ya nacido no se diferencia en nada esencial de un feto, ya que ambos son seres humanos en una concreta fase de su desarrollo.
 2. El feto no es más que una parte del cuerpo de la madre, y toda persona puede hacer lo que quiera con su cuerpo; por lo tanto, abortar o no, es una decisión que ha de tomar exclusivamente la mujer embarazada, como operarse de apendicitis o no hacerlo es una cuestión a decidir por el enfermo y por nadie más. Aunque el feto dependa de su madre para vivir y desarrollarse, no es un miembro de ella, sino que todas y cada una de sus células llevan un código genético propio que no es ni el del su madre ni el de su padre. Tiene huellas dactilares, su propio tipo de sangre, su sexo, etc., por lo que el feto es un ser humano distinto de su madre, y abortar no equivale a operarse del apéndice (que sí es tan sólo una parte de la madre), sino que es matar a un ser que ya tiene vida propia aunque aún no haya nacido. Pues “nacer” no significa empezar a vivir, sino seguir viviendo de otra manera.
 3. El feto no es  un ser humano hasta que sea viable, es decir, hasta que sea capaz de subsistir fuera del vientre materno, puesto que depende de su madre para existir. El hecho de que en una determinada fase de su vida el hijo necesite el ambiente del vientre materno para subsistir no implica que sea una parte de la madre. Desde la fecundación tiene ya su propio patrimonio genético distinto del de la madre y su propio sistema inmunológico diferente también del de la madre, con quien mantiene una relación similar a la del astronauta con su nave: si saliese de ella moriría, pero no por estar dentro forma parte de la nave. Por otra parte, lo que se llama viabilidad (es decir, la probabilidad de que el hijo siga viviendo en el exterior tras un embarazo cesado prematuramente) es mayor a medida que la gravidez está más avanzada, pero es muy difícil determinarla en el tiempo, pues el que el hijo pueda seguir viviendo depende en gran parte de factores externos: tipo de parto, atenciones médicas que reciba el niño, abundancia o escasez de medios y estado de la técnica en el lugar en que ocurre el nacimiento, etc. Además, a medida que avanzan los conocimientos de la ciencia va disminuyendo la edad del embarazo en que se puede considerar viable un feto. Por eso la adquisición de la viabilidad, como el aprender a andar o a hablar, o el llegar al uso de la razón, son cosas que le pasan a un ser humano, pero en modo alguno momentos en que éste se convierte en humano. No tiene sentido hacer depender la condición humana del desarrollo tecnológico.
 Por lo demás, la capacidad de subsistir fuera del seno materno ha de ser forzosamente ajena a la determinación del inicio de la vida humana, porque un recién nacido es también absolutamente incapaz de subsistir por sí mismo sin recibir los oportunos cuidados. El nacimiento determina un cambio en el modo de recibir el oxígeno y un cambio en el modo de alimentarse, pero el resto del desarrollo continúa el curso que ya se inició en el comienzo de la vida intrauterina. En otras palabras, si un feto no es aún  un ser humano, un niño recién nacido tampoco lo es, pues ambos dependen directamente de su madre y no se distinguen en nada esencial, pues un feto de un día antes de nacer y un niño recién nacido son prácticamente idénticos. Si el feto no tiene derechos, el niño tampoco, luego si el aborto es un derecho, el infanticidio también debería serlo.
 4. Como hasta el decimocuarto día posterior a la fecundación existe la posibilidad de que de un óvulo fecundado salgan no uno, sino dos seres humanos (gemelos monocigóticos), mientras sea posible tal división no existe un ser humano individualizado.El que puedan llegar a existir dos seres humanos a partir de un mismo óvulo fecundado no significa que antes de la división no haya ninguno, sino más bien que donde había uno -por un proceso todavía no bien conocido- llega a haber más de uno. Hay que tener en cuenta que no es lo mismo individualidad que indivisibilidad. El que en una determinada época de su evolución biológica un ser vivo pueda ser divisible no invalida su carácter de individuo único en los momentos anteriores. El ser humano, hasta aproximadamente el día 12-14 de su evolución es individual, pero divisible, y a partir de la nidación es ya único e indivisible.
 5. Aunque el fruto de la fecundación sea una vida humana, ésta no llegue a constituir un ser humano individual hasta un momento posterior. Sobre este argumento hay que subrayar que en la realidad no existen más que seres humanos individuales. El concepto de vida humana es una abstracción que no existe más que encarnada en seres individuales de la especie humana. La vida humana, en general, es una idea abstracta; una vida humana concreta no es, no puede ser en realidad otra cosa que un ser humano.
 6. También se aduce, desde el punto de vista de la Filosofía, que un hombre es un animal racional y libre, y quien no tenga estas características no es un hombre. Por lo tanto, un feto no es un hombre hecho y derecho, ya que ni es aún racional, ni es libre en sus decisiones. Pero, en ese caso,  tampoco lo sería un niño, ni un subnormal, ni un esclavo, ni un preso, ni un drogadicto… todos estos ejemplos son casos de “hombres” que no se comportan como tales porque existe alguna causa externa a su propia naturaleza que se lo impide (como la reja o las esposas en el caso del esclavo o el preso, una malformación genética en el caso del subnormal, una sustancia química en el del drogadicto, o una insuficiente madurez en el del niño y el feto). Pero así como una bellota no es una encina, y una piedra tampoco lo es; sin embargo, la bellota puede llegar a serlo si no hay algo que se lo impida (pues tiene la naturaleza de encina) mientras que la piedra nunca podrá serlo. Por eso, Aristóteles introdujo los conceptos de “ser en acto” y “ser en potencia” (que es el ser que no es en acto, pero podrá serlo si no existe algo que se lo impida). Siendo esto así, una bellota no es una encina “en acto”, pero sí lo es “en potencia”, pues participa de la naturaleza de la encina, mientras que una piedra no lo es ni en acto ni en potencia. Y del mismo modo, un niño o un feto no son aún seres humanos en acto (porque aún no son conscientes y libres) pero sí lo son en potencia, ya que participan plenamente de la naturaleza humana.
 Dicho esto, sólo caben dos posturas coherentes: La primera afirma que únicamente tienen derechos los seres que son lo que son en acto; por lo tanto, sólo tienen derechos humanos los que son humanos en acto, con lo que ni los niños, ni los subnormales, ni los drogadictos, ni los presos, etc., tienen propiamente derechos humanos (Esta postura se puso en práctica en Esparta, en la Antigua Roma, en la Alemania de los nazis, etc., con toda su radicalidad). En la actualidad, algunos pensadores como Peter Singer (Ética práctica, 1979) llegan a afirmar que el aborto no es inmoral y, por tanto, el infanticidio tampoco lo es, puesto que entre un feto y un niño no hay ninguna diferencia esencial.Mientras que la otra postura es la que afirma que también los seres humanos en potencia tienen derechos humanos, comenzando por el de la vida, por lo que es injusto e inmoral quitársela a cualquiera de los anteriormente dichos. Lo incoherente es afirmar que un subnormal, un niño, o un anciano agonizante tienen derechos humanos, mientras que un feto (por el único motivo de no haber salido aún del útero materno) no tiene ninguno.
 El problema que tienen los defensores de la primera postura estriba en establecer una barrera concreta y precisa que separe sin dejar lugar a dudas a los seres humanos en acto. Es decir, ¿a qué edad exacta un niño (hombre en potencia) pasa a ser hombre en acto y, por tanto, sujeto de derechos?, y ¿a qué edad un anciano (humano en acto) pierde su condición de tal -y por tanto sus derechos- por dejar de ser consciente y libre? La cuestión en el plano moral es de enorme importancia, pues poner el listón en uno u otro momento por pura arbitrariedad o por motivos económicos o políticos es simplemente inmoral e injusto.
 7. Como existen dudas sobre el comienzo de la vida del ser humano, éstas podrían justificar su supresión. En el supuesto de que alguien tenga dudas acerca de si en un instante concreto ya comienza a existir un nuevo ser humano o todavía no existe, debe abstenerse de interrumpir su normal desarrollo o de darle tratos indignos del hombre, pues ante esta duda debe prevalecer la posibilidad de que sí estamos ante un ser humano; al igual que, en caso de duda sobre si un hombre está ya muerto o todavía no, se exige que se le respete como ser humano vivo hasta que haya certeza de su muerte. Hasta tal punto la sociedad valora la protección de la vida humana, que para extirpar un órgano con destino a un trasplante no basta con la probabilidad de que el donante haya fallecido, sino que se exigen rigurosos criterios científicos para diagnosticar su muerte. Que esto es así se puede apreciar muy vivamente en los casos dramáticos de hundimiento de edificios o de mineros aplastados en un derrumbamiento: los trabajos de desescombro y de rescate prosiguen mientras no haya completa certeza de que no queda nadie vivo, y jamás se suspenden sólo porque se suponga meramente probable que hayan muerto todos.
 8. En el caso de que el embarazo pueda dañar la salud física, psíquica o moral de la embarazada, el feto es un agresor; luego abortar no es sino un “homicidio en defensa propia”. Por lo tanto, el llamado “aborto terapéutico” y el “aborto ético” (por violación) son la solución más honesta.Sin embargo, no parece que pueda considerarse el feto como un agresor de la vida de su madre, pues, al ser llamado a la vida sin permiso, es un ser humano totalmente inocente: por lo tanto, en caso de violación, habrá que castigar al culpable (el violador, la sociedad, etc.) pero nunca al feto, que es inocente. Y en caso de peligro para la vida de la madre, siempre cabe la posibilidad de anticipar el parto e intentar salvarle la vida a ambos, madre e hijo.
 9. Si el feto tiene graves malformaciones, su vida será desgraciada e infeliz, luego más vale que no nazca, a que toda su existencia esté marcada por el sufrimiento. El “aborto eugenésico” es un bien para el feto, pues le evita la desdicha.Si matando a un feto que va a ser subnormal o con alguna malformación se le hace un beneficio, ¿por qué no comenzamos matando a todos los deficientes y personas con taras físicas o mentales?, ¿no es más seguro dejarle nacer de modo natural y después, cuando no haya ninguna duda de su deficiencia, quitarle la vida de un modo más dulce que mediante la carnicería del aborto, evitando riesgos también para la embarazada?
 10. Del mismo modo, si sus padres no lo desean (aunque sea un niño normal) será un infeliz toda su vida, pues el sentirse querido es fundamental en el desarrollo afectivo de todo ser humano, por lo que más vale no nacer que ser un hijo no deseado.Igualmente, si vamos a matar a un inocente porque sus padres (que lo han traído a este mundo) no lo desean, para evitar que sea infeliz, ¿no deberíamos comenzar primero matando a todos los hombres que de hecho no son felices (alcohólicos, drogadictos, presos, marginados, etc.) y sólo después a los que “sospechamos” que no van a serlo? Además, ¿quién es el culpable de ser un hijo no deseado, el feto o sus progenitores? ¿y es justo asesinar a alguien porque no deseamos que viva? ¿quién puede asegurar que a partir de los 20 años, no va a merecerle la pena vivir los 40 ó 60 que aún le quedan de vida, aunque su infancia haya sido desgraciada? ¿no es más justo dejarle nacer y que se suicide él si lo cree conveniente? Como la cantidad de factores, motivos, medios, circunstancias, etc., que intervienen en el aborto provocado es tan compleja, la mejor manera de aclarar su moralidad es analizando por separado cada factor para evitar el confusionismo (a veces buscando para no ver lo que sospechamos que no nos va a gustar…)

4. La legislación sobre el aborto

 Desde el punto de vista legislativo, un amplio sector de la sociedad piensa que abortar es algo inmoral, por considerar que el feto ya es un ser humano y por lo tanto sujeto de derechos. Pero, por otro lado, no se puede ser utópico -dicen- y un mundo tan injusto como es el que nos ha tocado vivir, sería más insoportable todavía si se persiguiera al que aborta, pues si alguien ha decidido hacerlo, tendrá sus motivos, pues abortar no es nada agradable para nadie.Por eso, desde la óptica legislativa, se plantea una polémica distinta a la de si el aborto es un derecho o un crimen, y se discute fundamentalmente si se debe penalizar, despenalizar o legalizar (e incluso subvencionar esta práctica). Despenalizar significa no perseguir o recriminar de ningún modo al que aborte o ayude a abortar, mientras que legalizar consiste en reconocer el aborto como un derecho -en determinados supuestos más o menos ampliables- y que, por tanto, la sociedad debe poner los medios clínicos, médicos, económicos, etc., que posibiliten abortar “con dignidad” a la que lo desee).
 Las razones que se dan para despenalizar o legalizar el aborto son:
 1. Es un hecho que, legalmente o no, muchas mujeres abortan. En la ilegalidad, además de morir el feto, muchas veces muere también la madre por las malas condiciones en que se realiza el aborto. Luego, ya que esta práctica es inevitable, legalizándola se previene un mal mayor. Sin embargo, si se legaliza algo simplemente porque muchos actúan así, habría que legalizar también el asalto a mano armada, el terrorismo, las violaciones, etc., e incluso ayudar a los forajidos a “trabajar” sin riesgos… El que no se pueda acabar con las violaciones, no justifica su legalización, aunque si se legalizan, el violador actuaría con más seguridad. Además, en ningún país de los que han legalizado el aborto han disminuido los abortos clandestinos, pues mucha gente no quiere ir a una clínica por si alguien se entera.
 2. Mientras haya países donde abortar es legal, cualquiera que desee hacerlo, no tiene más que ir allí, si es ilegal en el suyo; pero eso discrimina a la población, ya que los pobres tienen muchas más dificultades para poder hacerlo. Y, por otro lado, esto facilita la fuga de divisas al extranjero. Pero la vida humana tiene un valor en sí misma. Si se supedita a la economía, la lucha de clases, etc., se devalúa y aumenta todo tipo de prácticas que la manipulan y degradan para conseguir otros fines. No puede haber excepciones en el derecho a la vida. Si otros países legalizan el aborto, peor para ellos, también hubo países que legalizaron el exterminio de judíos o la esclavitud, y no por eso fueron más progresistas que los demás…
 3. Hasta ahora la mujer ha estado siempre sometida a los caprichos del varón. Legalizar el aborto significa dejar a la mujer que decida libremente si aborta o no, contribuyendo con esto a luchar contra el machismo. El derecho al aborto libre es, por tanto, un paso más en el logro de una sociedad no sexista.Sin embargo, la legalización del aborto la han votado y decidido los hombres y, en el fondo, no es ningún arma al servicio de la liberación de la mujer, ya que el hombre puede explotar mucho mejor a la mujer utilizándola como mero objeto de placer y obligándola a abortar si se queda embarazada; con eso él no corre ningún riesgo… El aborto es un invento tan viejo como la Humanidad, y siempre le ha sacado más provecho “el macho”.
 4. Las leyes han de ser progresistas y dejar a los individuos que obren según su propia conciencia. Por lo tanto, no se les puede seguir tratando como niños prohibiéndoles hacer esto o aquello. No hay que recomendar el aborto, pero tampoco hay que penalizarlo. Allá cada cual con su conciencia. El legalizarlo no obliga a nadie a abortar… El dejar a cada individuo que decida según su conciencia nunca es ético, si su decisión puede afectar a la vida de otro. El individualismo radical siempre desemboca en la explotación de los débiles por los fuertes; por eso, el aborto es hoy la práctica más brutal de marginación egoísta y prepotencia de los poderosos sobre los que no pueden defenderse. Cuando en EE.UU. se debatía el derecho a tener esclavos, los defensores de semejante “derecho” también decían: “si usted no quiere tener esclavos, nadie le obliga a tenerlos, pero deje usted en paz al que los quiera tener, allá su conciencia…”.
 Tampoco puede considerarse la legislación del aborto como una muestra de progreso. Los países, como las personas, pueden ser adelantados y progresistas en unas cosas, y atrasados y reaccionarios en otras: la Grecia del s. V a. C. era el país más avanzado de su época en arte, filosofía, literatura, organización, pero todas estas conquistas convivían con la esclavitud. Lo mismo puede decirse de la Europa renacentista y la tortura, de los EE.UU. del siglo XIX y la esclavitud de los negros, o de la Europa actual y el aborto provocado. Aun en nuestros días hemos asistido a auténticos genocidios, como el cometido contra los judíos durante el nazismo, que llegó a presentarse como un avance en la depuración de la raza aria. Del mismo modo que no sería un signo de progreso el imitar a la Atenas del s. V a. C en cuanto a la esclavitud, tampoco sería bueno imitar hoy a los países del resto de Europa en cuanto a la legalización del aborto.
 En algunas legislaciones se parte de la base de que el hijo concebido y no nacido no merece ninguna protección legal más que a partir de determinado tiempo de vida intrauterina, que es cuando se le empieza a considerar merecedor de protección. Según este criterio, el aborto es legal en determinado plazo del embarazo. Este sistema se conoce como el “sistema de plazos”. En otros ordenamientos, como ocurre en el caso español, se considera que el hijo merece protección legal desde el inicio de su vida, pero se establecen las circunstancias en las cuales abortar deliberadamente no debeser castigado. Este es el sistema conocido como “sistema de indicaciones”, que suele ser mixto, es decir, que a cada indicación suele corresponder un plazo de embarazo en que el aborto provocado no es punible. Es más restrictivo el sistema de indicaciones que el sistema de plazos porque en el sistema de indicaciones la ley considera la vida del no nacido como un bien digno de protección, aunque se piense que no debe castigarse penalmente a quien aborta si existe un conflicto de bienes que el Estado no quiere prejuzgar cómo se resuelve. En cambio, en el sistema de plazos la vida del no nacido se convierte en una cosa disponible y destruible por la libre voluntad privada de la madre, pues el Estado se desentiende de ese no nacido y no le dispensa absolutamente ninguna protección.
 Sin embargo, se debe recordar que el derecho inalienable a la vida de todo individuo humano inocente constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación: “Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a integridad física desde la concepción hasta la muerte” (SCDF, instr. “Donum vitae”  101-102). Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho… El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos.

5. Citas sobre el aborto y el origen de la vida

En toda la discusión ética sobre el aborto hay una interrogante fundamental. Frecuentemente esa pregunta viene formu-lada así: “¿Cuándo comienza la vida humana en el desarrollo embrionario?”, o “¿desde cuándo existe un ser humano o una persona humana?”. Esta interrogante es básica en el debate sobre la eticidad del aborto. Recoge¬mos aquí la respuesta de médicos, científicos y especialistas en la materia:
 “La Biología molecular ha demostrado inequívocamente que el proceso ontogenético de la vida consiste en la manifestación del programa impreso en el DNA (genes). Este programa contiene los rasgos, de toda índole, que en su despliegue posterior cualificarán a cada persona. No tiene rasgos “morfológicos” humanos, pero tiene el conjunto de instrucciones para producirlos”. (Federico Mayor Zaragoza, Catedrático de Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid, Director del Instituto de Ciencias de Hombre, Presidente científico del Centro de Biología Molecular del CSIC y Director de la UNESCO).
 “La vida del nuevo ser humano comienza con la fusión de los pronúcleos masculino y femenino, es decir, con la fecundación del óvulo. El óvulo fecundado tiene ya toda la dotación cromosómica necesaria, es decir, total capacidad para alcanzar su pleno desarrollo. Se puede decir que en ese momento el óvulo fecundado no es una posibilidad de vida humana, sino una vida humana llena de posibilidades. Él mismo dirige su propio desarrollo. Es un ser independiente y autónomo, que únicamente necesita ser alimentado y el ambiente adecuado que la madre le presta”. (Justo Aznar Lucea, Doctor en Medicina, Médico especialista en Hematología y Biopatología clínica, Jefe del Departamento de Biopatología clínica y Coordinador de la Universidad de Investigación Bioquímica del Hospital La Fe de Valencia: La procreación humana y su regulación, EDICEP, Valencia, 1995, p. 21) 
 “La conclusión de los hechos demostrados en la experimentación animal se puede generalizar al organismo humano y con todo rigor científico podemos afirmar que la vida de una persona comienza en la fecundación del óvulo. Desde la fertilización está viviendo una persona humana, y hay que saber que desde ese momento es un ser humano en cualquiera de las fases del desarrollo que consideremos, lo mismo en el estadio de primera división celular, que en las primeras semanas de crecimiento del embrión o en las fases más avanzadas del feto o el recién nacido. Es verdad, también que entre las diversas épocas del desarrollo de un mismo organismo hay profundas diferencias bien apreciables hasta en la morfología externa que manifiestan la evolución progresiva necesariamente impuesta por el código que queda señalado en el momento de la fecundación, pero sin cambio ninguno esencial en ningún momento, una vez desencadenado el proceso inicial”
(Juan Jiménez Vargas, Catedrático de Fisiología Animal. Universidad de Barcelona). 
 “No hay diferencias entre los científicos. Todos estamos de acuerdo en que, desde el principio de la vida, hay un ser humano; si hubiera un huevo de ballena fecundado, diríamos que es un ser de la especie ballena. Con los hombres ocurre igual. La discusión entre los científicos se plantea acerca de si se respeta o no, se protege o no, un ser humano muy pequeño, igual que se respeta otro de mayor tamaño. Pero estas diferencias no son de carácter científico, sino para decidir si nosotros respetamos al ser humano cuando mide unos milímetros, igual que cuando pesa dos o tres kilos. La ciencia no tiene que medir, lo sabe con certeza y, a raíz de eso, unos dirán que se le puede matar si es pequeño, y otros no, pero esto último ya no es ciencia. La ciencia dice que, en todo caso, es el mismo ser humano con más o menos edad, más o menos desarrollado”. (Jérôme Lejeune, Catedrático de Genética Fundamental en la Universidad de la Sorbona, Fundador de la Citogenética clínica. Entrevista concedida a la revista Palabra, nº 165, V, 1979).
 “Para la Biología moderna, el principio de la vida coincide con la fecundación. Esto es algo que nadie ha podido cuestionar. Era y es algo que se da por sabido, por resuelto, por indiscutible”. (Doctores Zamorano, Velayos y Reinoso)  
 “El embrión humano es un ser vivo y un ser humano tiene una personalidad humana desde el principio de la vida; abortar es un homicidio desde el punto de vista biológico y jurídico”. (Dr. José Botella Llusiá, Catedrático de Obstetricia y Ginecología y Presidente de la Real Academia de Medicina).
 “No soy un hombre religioso; de hecho no he estado en un templo desde los 13 años. Pero sí quiero decirles que hemos de detener este proceso ineficaz y destructivo, cuyo único resultado es una mayor disolución de la familia. Debemos reafirmar el amor entre nosotros, especialmente para el ser más pequeño e indefenso. Ahora veo el aborto como un mal, indefendible éticamente, a la luz de nuestros actuales conocimientos sobre el niño aún no nacido”. (Dr. Bernard Nathanson, médico del Colegio Americano de Obstetricia y Ginecología; Fundador de la National Reproductive and Abortion Rights Action League, la mayor clínica abortista de EE.UU).
 “Hoy día los datos de la genética y de la biología humana son incontrovertibles: en el momento de la fertilización los dos gametos de los padres (óvulo y espermatozoide) forman una nueva entidad biológica, el cigoto, que lleva consigo un nuevo proyecto-programa individualizado, una nueva vida individual. Este nuevo ser, con sus 23 pares de cromosomas, posee una información genética -el llamado genotipo- capaz de autoorganizarse, independientemente de los mecanismos maternos. En efecto, desde el primer momento, las moléculas de ADN dan origen a la diferenciación de las proteínas constitutivas de las diversas células que posteriormente formarán los distintos tejidos y órganos”. (Fernando Monge, Doctor en Biología molecular).
 “Sobre la cinta de un magnetofón es posible inscribir, por minúsculas modificaciones locales magnéticas, una serie de señales que correspondan, por ejemplo, a la ejecución de una sinfonía. Tal cinta, instalada en un aparato en marcha, reproducirá la sinfonía, aunque ni el magnetofón ni la cinta contengan instrumentos o partituras. Algo así ocurre con la vida. La banda de registro es increíblemente tenue, pues está representada por la molécula de ADN, cuya miniaturización confunde al entendimiento. La célula primordial es comparable al magnetofón cargado con su cinta magnética. Tan pronto el mecanismo se pone en marcha, la obra humana es vivida estrictamente conforme a su propio programa. El hecho de que el organismo humano haya de desarrollarse durante sus nueve primeros meses en el seno de la madre no modifica en nada esta constatación. El comienzo del ser humano se remonta exactamente a la fecundación, y toda la existencia desde las primeras divisiones a la extrema vejez, no es más que la ampliación del tema primitivo”. (Jérôme Lejeune: “Cuando comenzamos a vivir”, Nuestro Tiempo, 1974, nº 238, pp 6-7). 
 “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida del ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser, desde su concepción hasta el final de sus días, no es ya una afirmación metafísica: es una sencilla evidencia experimental”. (Jérôme Lejeune, Catedrático de Genética Fundamental en la Universidad de la Sorbona, Fundador de la Citogenética clínica).
 “Ahora, cuando una clase de humanos ha perdido su derecho inalienable a la vida, se les ha puesto un precio y puede matárseles si son una carga social, todas nuestras vidas están amenazadas. Sólo si se modifica esta decisión, estaremos a salvo (…) Ahora es el momento oportuno. Estamos en una encrucijada de la civilización. Si hoy damos a una madre el derecho total y legal de matar a su hijo -todavía por nacer- si supone una carga social para ella, mañana tendremos lógicamente que dar el mismo derecho al hijo, para matar a su madre, que ha llegado a ser una carga social para él”. (Dr. J.C. Willke: Manual sobre el aborto, EUNSA, Pamplona, p.161).

6. Valoración moral del aborto

 No es infrecuente que ante un hecho o situación concreta la sociedad responda con una valoración ética muy diferente, según cómo dicha situación se le presente.En este sentido existen formas del mismo hecho que hieren más intensamente la sensibilidad pública que otras, aunque en el fondo todas ellas debieran merecer el mismo calificativo moral. Esto puede aplicarse directamente al caso del aborto provocado. La valoración ético-moral que el aborto merece no es uniforme en todas las ocasiones, ya que depende en gran medida de cómo dicho aborto se nos presente. Está claro el rechazo de gran parte de la sociedad de las formas técnicas digamos “tradicionales” de efectuar el aborto, pero no lo está tanto en muchas otras formas de interrupción de la vida humana, que por no tener el dramatismo que normalmente muestra el aborto, nos pasan casi inadvertidas y existe una mucha menor sensibilidad social y crítica ante ellas. Entre estas situaciones en las que se eliminan vidas humanas de no nacidos, se encuentran fundamentalmente las prácticas de fecundación “in vitro” y gran parte de los sistemas anticonceptivos que en la actualidad se utilizan. A estas formas solapadas de aborto, de eliminar vidas humanas incipientes, y a su valoración moral correspondiente nos referiremos en las voces correspondientes. Aquí nos centraremos en el problema moral del aborto provocado.
 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos los derechos de la persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida. Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y curado en la medida de lo posible, como todo otro ser humano. El catedrático de Filosofía Julián Marías ha escrito que “cuando se dice que el feto es parte del cuerpo de la madre se dice una insigne falsedad. Cuando se provoca el aborto, no se interrumpe el embarazo o la respiración: en ambos casos se mata a alguien; por eso considero que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su fin” (Alfa y omega). La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia católica sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC, can. 1398) es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC, can 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (Cfr.  CIC, can. 1323-24). Con esto la Iglesia sólo pretende manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

Bibliografía:

BLÁZQUEZ, N.: El aborto (No matarás), BAC, Madrid, 1977.
CEE: El Aborto. 100 cuestiones y respuestas, 2ª ed., Palabra, 1991.
CHAUNU, P.: El rechazo de la vida, Espasa-Calpe, Madrid, 1979.
CRUZ CRUZ, J.: Tópicos abortistas, Acción Familiar, Madrid, 1982.
HERRANZ, G.: Comentarios al Código de Ética y Deontología médica, EUNSA, Pamplona, 1992, 260 págs.
LEJEUNE, J. Y COL.: Dejadlos vivir, Rialp, Madrid, 1980.
MARÍAS, J. Y COL.: En defensa de la vida, Edilibro, Madrid, 1983.
MARTELET, G.: 2000 años a favor de la vida, Mensajero, Bilbao, 1977.
NATHANSON, B.: The Hand of God. A Journey from Death to Life by the Abortion Doctor Who Changed His Mind Regnery, Washington D.C., 1996, 206 págs.
POLAINO-LORENTE, A. (coord.): Manual de Bioética General, Rialp. Madrid, 1994, 490 págs.
SCHOOYANS, M.: L’avortement: Approche politique, 3ª ed., Univ. Lovaine, Lovaina, 1981.
SINGER, P.: Practical Ethics, Cambridge University Press, New York, 1979.
WILLKE, J.C.: Manual sobre el aborto, 2ª ed., EUNSA, Pamplona, 1983.

 

 

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