El carácter ontológico de la dignidad humana, condición para la democracia, Mons. Elio Sgreccia

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MADRID, lunes 22 de junio de 2009 (ZENIT.org).- La dignidad humana debe entenderse y desarrollarse a partir de su carácter ontológico para que exista una verdadera democracia. 

Así lo señaló el presidente honorario de la Academia Pontificia para la Vida, el obispo Elio Sgreccia, en una mesa redonda celebrada el 18 de junio en la Universidad CEU San Pablo de Madrid. 

Para monseñor Sgreccia, la dignidad basada en la ética ontológica “se presenta como algo universal”, lo que no sucede “en la ética de los derechos que hoy prevalece”, informó la oficina de información de la universidad.

Según el prelado, lo que prima muchas veces en la actualidad es una ética de la prestación en la que el reconocimiento de los derechos no está sujeto a la aceptación de su realidad intrínseca, sino a valoraciones externas de tipo social. 

El prelado se refirió a dos realidades que derivan de ese concepto de la dignidad humana: la práctica de la eutanasia y del aborto.  

Este concepto desvirtuado de la dignidad humana modela una visión de la dignidad de la persona “en la que se discute si es persona un hombre que ha perdido sus facultades”, por ejemplo. 

La dignidad de un hijo no debe depender de que sea “aceptado por sus padres o esté bien dotado”, señaló. 

El prelado se opuso al planteamiento que identifica dignidad con “percepción del bienestar personal”. 

Sgreccia proclamó que “la dignidad está ligada al hecho de existir, no a una capacidad biológica, psicológica o cualquier otra valoración social”.  

“De ello depende la igualdad -señaló-. Sólo si la dignidad de la persona es entendida desde esta perspectiva es posible una verdadera democracia, que debe implicar que todo el mundo cuente, hasta el más débil”. 

En opinión de monseñor Sgreggia, urge “valorar el verdadero peso de la dignidad”. 

Sobre todo cuando en nombre de ésta “se suspende la ayuda al neonato con deficiencias o la ayuda a enfermos terminales”, o “cuando se interroga sobre las condiciones de vida digna del enfermo terminal”. 

“La dignidad del hombre no acepta graduación”, argumentó, razón por la cual “el embrión tiene desde el comienzo la dignidad propia de una persona”. 

Monseñor Sgreccia se refirió a la Instrucción Dignitas Personae y recordó que las técnicas de fecundación son admisibles cuando ayudan a la plena realización del acto conyugal y no lo sustituyen.

 

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