El aborto y la dignidad de la persona humana

EL ABORTO Y LA DIGNIDAD
DE LA PERSONA HUMANA

 

Descargar documento el aborto y la dignidad de la persona humana

 

El respeto a la vida humana desde la concepción
es un principio ético fundamental, es el respeto
a la dignidad humana, la sociedad actual,
frente al aborto, quiera anteponer como más
relevantes: la reivindicación de unos derechos mal
entendidos de la mujer; problemas de salud pública,
que no van a la raíz y fondo de los mismos, y que tampoco
plantean soluciones acordes con el respeto a la
persona humana; un concepto de persona humana
redefinido por una sociedad “moderna”, pragmática y
utilitarista; una concepción de calidad de vida que se
lleva por delante la consideración a la dignidad del otro,
aún no nacido; problemas sociales de violencia, precariedad
económica, abandono de la mujer, que no se
solucionan quitándole la vida a otro, y para rematar, la
astucia de quienes quieren promover la despenalización
del aborto, buscando las rendijas por donde los tratados
internacionales se puedan interpretar y anteponer a la
conciencia de las pocas naciones que, en estas circunstancias,
aún respetan la vida del no nacido.
Las tensiones frente a la problemática del aborto son
múltiples, y los aspectos que se deben analizar recogen
miradas antropológicas, filosóficas, de salud, políticas,
de derechos humanos y jurídicos, entre otros.
Las mismas requieren realmente un estudio a fondo,
plural pero no neutral; plural, pero que acepte las posturas
del respeto a la vida, porque las voces de respeto
a la persona humana en la sociedad actual son
interpretadas como dogmáticas y fundamentalistas; el
pluralismo se agota hasta cuando tienen que oír al
otro. El diálogo debe ser razonado, que involucre a
todos los actores, que permita buscar otras soluciones
que a conciencia comprometan a la sociedad y estén
acordes con la dignidad humana, aún intangible para
muchos en esas circunstancias.
El concepto de persona humana y dignidad perdió
sus fueros y bases filosóficas y antropológicas, para
tener una redefinición actual, basada en los intereses
del momento, en los intereses políticos. A la persona
humana se le quita su categoría de persona porque
aún no ha nacido o porque tiene una enfermedad
que le puede dificultar o impedir desplegar todas las
cualidades y características inherentes al ser humano.
Se niegan los atributos propios de la persona,
independientemente de que en un momento u otro
no se puedan explicitar.
La sociedad actual se olvida que “cuando se aplica el
concepto de persona a unos individuos, concedemos a
estos un estatus determinado, el estatus de la ‘inviolabilidad’.
Con la concesión de este estatus contraemos
el deber de aceptar su relevancia”1. De aceptar el
compromiso a respetarlo, de velar por sus derechos.
Un compromiso ineludible para toda la población, que
indudablemente se desconoce en el caso del aborto.
Se dice, a su vez, que al ser una “persona en potencia”
se justifica acabar con su vida, porque aún no lo es.
Como explica Robert Spaemann: “Hablar de personas
potenciales carece así mismo de sentido, porque el
1 Spaemann, Robert. Personas. Acerca de la distinción
entre “algo” y “alguien”, España, Eunsa, 2000, pág. 37.
2 Op. cit., pág. 234.
3 Op. cit.
concepto de potencialidad solo puede surgir suponiendo
el ser personal”2.
También lo refirma cuando dice: “Si el ser persona
fuera un estado, podría surgir poco a poco. Pero si es
persona es alguien que pasa por diferentes estados,
entonces los supone todos”. […] “El ser personal no es
resultado de un desarrollo, sino la estructura característica
de un desarrollo”3.
Algunos hombres de ciencia ponen en duda que desde
la concepción se tenga la noción de embrión, para algunos
a partir del día catorce, cuando se ha formado la
cresta neuronal. En muchos países con esta premisa y
con un término errado y lejos de la embriología, los
políticos en jaque acuñaron el término de preembrión;
de esta manera salvaguardaban la polémica generada
por las implicaciones éticas que trae el aborto y la
manipulación de embriones. De esta forma se usan
desparpajadamente y sin bases científicas los términos,
para favorecer los intereses de una ciencia e investigación
mal entendidas, donde prima la avidez científica,
no importa que se lleven por delante vidas humanas.
En el debate del aborto, otro de los puntos que se
argumentan a su favor es la autonomía que tiene la
mujer sobre su cuerpo. Solo diré, por lo pronto, que es
debatible desde concepciones antropológicas: la autonomía
no podrá ir en contra de su propia vida, ni de la
otra, que lleva en este caso en su seno materno. Ese
otro tiene su propia dignidad y derecho a una existencia.
Bien se dice que la autonomía es el señorío de la
razón, esa es su verdadera dimensión. Una razón respetuosa
de la vida.
Así mismo, con frecuencia se esgrimen argumentos
en casos límites para defender el aborto; la mayoría se
basan en fetos con grandes malformaciones, que normalmente
no llegan a término durante la evolución
del embarazo, o que pueden morir dentro de las primeras
horas después de su nacimiento. En estos casos
se pone a prueba el compromiso con el otro y la solidaridad
en su fragilidad extrema, para acogerlo el
tiempo necesario dentro de los límites que tiene la
vida y bajo una atención médica razonable y en contra
de cualquier intervención fútil. Es acá donde se
pone a prueba el sentido más profundo de nuestra
humanidad. Pero no solo de casos extremos se habla,
se pretende con el aborto, a su vez, poner fin a vidas
humanas que tengan cualquier discapacidad generada
por otras enfermedades, de manera totalmente discriminatoria
de la persona humana.
Las razones sociales de violación, pobreza, condiciones
de vida infrahumanas, están muy distantes de que
sea justo y razonable pretender solucionarlas por la vía
del aborto. Es deber del Estado repensar sus políticas,
por ejemplo, de educación sexual, donde lo que se
promueve a la juventud es un concepto de sexualidad
lejano al respeto a su propia dignidad, a su cuerpo, a
su unidad como persona, al valor que tiene una sexualidad
bien entendida. El Estado, ante las consecuencias
de su política de educación sexual, a todas luces
errada, y ante los hechos consumados, genera entonces,
como solución, políticas mal llamadas de salud,
con la aprobación, por ejemplo, de la “píldora del día
después”, o en este caso aceptando que por ser un pro-
P & B • V O L . 9 • R E V I S T A N ° 1 ( 2 4 ) • P Á G . 4 – 6 • 2 0 0 5 5
EDITORIAL • MARÍA HELENA RESTREPO
blema de salud pública, es necesario aprobar el aborto.
Nada más lejano del verdadero papel del Estado y
de lo que debe ser la política en salud.
Pero entre las tensiones de un lado y otro emergen
nuevas dudas, se argumenta que la despenalización
del aborto será en casos extremos, y los mismos grupos
que lo piden ya muestran cómo el aborto se hace en su
mayoría en mujeres maduras, con garantías laborales y
“uniones estables”, dejando a la luz la pendiente resbaladiza
que ello trae consigo y agrava la moralidad del
mismo. Entonces, ¿de qué estamos hablando?
A los puntos anteriores, descriptivos de la problemática,
se le suma la gravedad de querer elevar a la categoría
de acto médico el aborto. ¿Por qué quieren
ponernos a los profesionales de la salud en contra de
nuestro fuero interno, lejanos a lo que ha sido la más
humanística de las ciencias? Y aunque se diga que
dentro de esa pluralidad existe, por supuesto, la objeción
de conciencia, eso no nos liberará del hecho de
ver el derrumbamiento ético de nuestra profesión.
De gran relevancia es el debate jurídico. Para bien o
para mal, son los juristas, en parte, quienes tienen la
decisión en sus manos, un estudio juicioso de la normatividad
en términos de si va en contra o no con la
Constitución, si es cosa juzgada o no, si al amparo del
derecho internacional se deben hacer modificaciones
al respecto. Pero más allá de la norma, se requiere el
PERSONA Y BIOÉTICA • ENERO-JUNIO 2005
6 P & B • V O L . 9 • R E V I S T A N ° 1 ( 2 4 ) • P Á G . 4 – 6 • 2 0 0 5
análisis juicioso y honesto, teniendo al frente el rostro
de la persona humana, que se debe amorosamente
acoger en la comunidad, con todas sus dificultades y
las vicisitudes que los otros seres humanos les podamos
generar. Se requiere un debate que considere
todas las posiciones, razonadas, estructuradas, sin falacias.
Es crítica su responsabilidad, pero esperamos
que la decisión trascienda, para que permanezca el
respeto de la vida humana.
Persona y Bioética, en este número, aborda la problemática
del aborto en el caso colombiano. Aspectos
biojurídicos, antropológicos y de salud pública son
analizados por nuestros autores. Algunos de los trabajos
presentados son intervenciones ciudadanas, respaldadas
por una considerable franja de la población.
Para una mejor ilustración se han incluido, como anexos,
documentos a los que hacen referencia nuestros
autores.
María Helena Restrepo R.
mariah.restrepo@unisabana.edu.co
Nota del Editor:
En este número la revista Persona y Bioética, de acuerdo con normas
de indexación, asume el concepto de volumen y número, que
para tal fin tienen las publicaciones seriadas, y pone explícitos a los
lectores aspectos que dan cuenta del proceso editorial.
Continuamos con el esfuerzo de normalizar la periodicidad. Sin
embargo, algunos de los artículos son posteriores a la numeración
declarada.

El aborto y la dignidad de la persona humana
Vota esta noticia

3 pensamientos en “El aborto y la dignidad de la persona humana

  1. Paco Lomeli (A favor de la Vida) :)

    Yo opino que la vida humana es un bien primario de un valor inestimable e inviolable, una de las cosas vivas más hermosas del mundo. Por ello hay que saberla valorar, porque es un gran regalo de Dios, un signo de su maravillosa presencia en nosotros. Dios nos dio la capacidad de de amar y ser amado, una criatura de Dios y, ante todo, un hijo o hija de Dios. Todo ser humano posee en esencia la misma dignidad humana y, por tanto, es merecedor de un respeto incondicional. La dignidad humana se expresa en los derechos humanos, empezando por el derecho a la vida, que es inalienable e indivisible. Nosotros defendemos una ética vital consistente simbolizada por la túnica, de una sola pieza, de Nuestro Señor. Vivimos unos tiempos en los que la defensa de los derechos humanos y su fundamentación tienen un papel capital en el pensamiento antropológico y político. Hoy en dia atacan mucho a la dignidad humana en muchos aspectos: en el gobierno (con el aborto “derecho a la vida” y otras mas), en la televisión (con la falta de la moral), en la educación (con el mal ejemplo de algunas instituciones que les enseñan a las nuevas generaciones una forma diferente de ver la vida), la ciencia (con el concepto de que todo tiene su origen que no es Dios, y que pueden jugar con seres humanos para hacer clonaciones, inceminacion artificial, etc.) en los amigos (etapa en la que los jóvenes se olvidan de la moral, y en algunos casos tienden a caer en adicciones), en la familia (divorcios, discusiones, peleas, etc.) todo eso que hemos estado viviendo son motivos psicológicos y emocionales que afectan a la dignidad de una persona, desde mi punto de vista, todos los seres humanos tenemos derecho a la vida, al amor y al cuidado de nuestros padres. Ya que todos somos hijos de Dios y debemos ser valorados y respetados ya que siguen teniendo los mismos derechos que nosotros, pues son seres humanos e hijos de Dios.

    Responder
  2. ketty nuñez perez

    yo opino que ninguna mujer debe asesinar a su hijo abortandolo porque para mi eso es un delito, al meno que sea por alguna enfermedad que no lo pueda traer al mundo “adios al aborto”

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *