Aborto y familia, Dr. Pablo Verdier

Aborto y familia
Por el Dr. Pablo Verdier

 


¿Quiénes y cuántos son los afectados tras la realización de un aborto? No todos aciertan a la respuesta. Los más piensan en la criatura, otro tanto recuerda a la madre, pero pocos piensan en el hombre y en los hijos ya nacidos o por nacer.

Es todo el núcleo familiar el que se ve afectado. ¿Por qué? Porque el aborto, por un lado es un síntoma de que la pareja no anda bien. De hecho es la manifestación más dramática del divorcio espiritual entre los cónyuges, divorcio que precede al divorcio “de hecho” en un enorme porcentaje de casos. Dicho en otros términos, la mujer que aborta, está afectivamente abandonada. Dicho en palabras de mujer: “¿hijos sin amor?, ¡ni loca!”; así me lo confesaba una paciente. En otras ocasiones, se refieren al divorcio espiritual anteriormente mencionado en términos de: “otro hijo con ese (“ese” es su esposo), ¡ni atada!”. Con esta primera aproximación a la problemática del aborto, ya podemos ir instuyendo en el clima familiar en el que se realiza. Tengamos presente que me estoy refiriendo a mujeres casadas, y por lo tanto el embarazo no es fruto de relaciones extra-conyugales. En éstas, los motivos en juego, ciertamente son otros.

Pero no sólo es síntoma de una situación, sino que además la agrava, la acentúa. Al referido abandono afectivo, se le suma la culpa, la angustia, la depresión, la vivencia de una pérdida que no la comparte con nadie, un duelo oculto que termina por transformarse en un “secreto patógeno”. ¿Qué mujer podrá desarrollar toda su potencialidad de madre en ese estado psicológico? En esto radica precisamente la afectación de los hijos. La madre es clave en el desarrollo emocional de los hijos, y el padre a su vez consolida con su presencia firme y cálida la autoestima de la mujer. Pero poco de esto existe en las familias a las que nos referimos. En suma tenemos una mujer sin apoyo, desprotegida, sintiéndose sola para afrontar la responsabilidad de los hijos, se siente abrumada. En este estado de cosas, los hijos “respiran” aquel ambiente patógeno, ambiente del cual saldrán “heridos” sin encontrar la respuesta cierta a su conflicto.

Valga aclarar que no estoy improvisando sobre las posibles consecuencias del aborto en la familia. Todo lo que he descrito, lo he visto en el consultorio.

Si a lo anteriormente dicho le agregamos el agravante de que los hijos se enteren del aborto de su madre, toda una nueva constelación de actitudes se apoderan de esa familia. Recuerdo el caso de una paciente que al enterarse del aborto de su madre, afectadamente reflexionaba: “Me podría haber tocado a mí, ella (su madre) realmente no me quiere, ¿quién se cree que es para venirme a dar órdenes?; ya no se puede ni confiar en mi madre”. No hay que ser ni psicólogo ni psiquiatra para imaginarse las consecuencias que tales reflexiones podrán tener sobre la paciente, y sobre la relación madre-hija. La desconfianza, el descreimiento, el despecho, la rebeldía, el descenso de la autoestima y otros tantos sentimientos serán quienes terminen de fracturar la frágil relación existente entre la madre y la hija. Si a todo esto no se ha dado el divorcio de “hecho” entre los cónyuges, el varón casi habitualmente se transforma en un “ente” en el hogar. Su rol de padre ha perdido todo crédito, él mismo se siente desconcertado y perplejo ante su familia. Se siente desautorizado, en cierto sentido relegado. Si en un arranque pretende recuperar su status de jefe del hogar, lo hará con agresividad, en un intento de autoafirmación estéril. De hecho se agravan las cosas. Nuevamente le recuerdo al lector que todo esto no son hipótesis que estoy desarrollando, muy por el contrario, son datos de la realidad vividos en el consultorio.

Una presición

La afectación de los hijos no es la misma para los hijos previos al aborto que para los posteriores al aborto. En mi experiencia, la diferencia radica en que la actitud de la madre para con los hijos previos al aborto es de sobreprotección, dicho en palabras de mujer: “son todo lo que tengo”, actitud que los sofoca psicológicamente. Para los hijos posteriores, como bien lo ha descrito el Dr. Ney (psiquiatra canadiense), la actitud de la madre es de hostilidad y agresividad, configurando un verdadero cuadro de maltrato del menor. Ambas situaciones las he verificado en el consultorio.

Cambiando el enfoque al problema que nos preocupa, se me plantea una extraña paradoja muy arraigada entre los profesionales de la salud, especialmente entre psiquiatras y psicólogos. ¿Por qué será que todo este cuadro clínico pasa inadvertido a tantos colegas? Muchas pueden ser las razones, las buenas razones, pero una es la verdadera razón. Personalmente tengo la convicción de que hay una falla en el enfoque antropológico en torno a la etiología de muchos cuadros clínicos. Respecto al tema que venimos tratando, la falla radica en la negación de que el aborto pueda ser la causa de los males previamente descritos. Y así cada cual adherido a una escuela psicológica u otra, buscará las causas acorde al patrón de criterios que su propia escuela le proporcione.

Desgraciadamente en esos términos se cae en un sesgo interpretativo, que muchas veces hace perder el más mínimo “sentido humano” de lo humano, o de lo inhumano. Confirmando este parecer he atendido a múltiples pacientes que, habiendo estado en tratamiento por años, no habían logrado siquiera atenuar su sintomatología. Una vez abordado el tema del aborto, se veían libres en un grado importante de su padecimiento. Mientras tanto habían sido rotulados con diversos términos técnicos, estigmatizando al paciente en su autopercepción como un “enfermo mental”, que si bien ciertamente lo era, se le podría haber ahorrado tiempo y dinero volcados en su terapia. Con el aborto queda bien sentada la hipótesis de que lo objetivamente malo, hace mal, y ese mal se manifiesta psicológicamente en diversos cuadros clínicos.

Volvamos sobre la pregunta del comienzo: ¿quiénes y cuántos son afectados por el aborto? En mi experiencia, la respuesta es clara: todos los miembros de la familia, cada cual acorde a sus rasgos de personalidad, y a su rol dentro del núcleo familiar.

El Dr. Verdier es un psiquiatra especializado en el síndrome post aborto.

 

 

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